Agua
Nuestras sensaciones agradables no son más que diversas maneras de fluir internamente los movimientos del Agua Primordial que contenemos. Las aguas abisales son el subconsciente y el hielo es el estancamiento en su más alto grado. Cada forma de agua es una faceta simbólica.
En China es el caos primordial, que contiene la totalidad de las manifestaciones. Es símbolo de la sabiduría que, como el agua, es libre y sin ataduras. La principal metáfora del taoísmo es el agua, que se adapta y es tan flexible como el sabio: cuando encuentra un hueco, se arremansa; cuando llega a un plano se desliza; cuando hay pendiente corre, y siempre va con perfecta y feliz naturalidad discurriendo por la vida.
En Tíbet es símbolo del compromiso en las iniciaciones.
En el Génesis, es donde se incuba el soplo de Dios, y, continuando con la Biblia, de la roca de Moisés brota como fuente de agua viva. Del costado de Cristo, como símbolo de vida eterna y purificación y, por el bautismo, crea al hombre nuevo. Pero también es símbolo de muerte: su desencadenamiento desordenado trae catástrofes y castigos: el Diluvio, el cierre del Mar Rojo, etc. Las aguas en calma son creación y las agitadas, destrucción.
En el panteón nahuatl (México) de la América precolombina, su simbolismo es también dual: las verticales, representadas por el dios de la lluvia Tlaloc, están en relación con el fuego, creando entre los dos el reflejo ígneo de las aguas, lo que se denomina el agua quemada. Tlaloc está vinculado a las pasiones y a la vitalidad. Está emparentado con Chalchiliutlicúe, diosa de las aguas horizontales, que sube a los cielos y baja fecundada por el Sol para fertilizar la Tierra. En su nombre se celebraba una ceremonia de bautismo, en la que el bebé era purificado por las aguas de esta diosa virgen.
En Egipto es la misma fuente de la vida y la fertilidad, proyectada en la Tierra por el río Nilo, que era considerado como un don, reflejo de ese otro Nilo celeste para los egipcios, que era la Vía Láctea.
En Babilonia, como anteriormente en Súmer, es Océano Primordial del que se desprenden Apsu, el agua dulce, principio masculino y fértil, y Tiamat, el principio femenino de aguas saladas y caóticas que, al ser fecundadas por ese río de aguas dulces, engendran a los Primeros nacidos.
En Grecia es la que habla: de la Fuente de Castalia, en Delfos, manaba el agua que purificaba e inspiraba a la Pitia.
Águila
Es un símbolo de los más antiguos. Entre los griegos y persas, el águila estaba consagrada al Sol, ya que es símbolo de altura, del espíritu identificado con el astro rey, como representación del principio espiritual. Los griegos la consideraban como el sagrado emblema de Zeus, y los druidas como símbolo del Supremo, que vigila desde las alturas.
Su vida transcurre a pleno sol, por lo que es esencialmente luminosa y partícipe de los elementos Aire y Fuego. El águila se caracteriza, además, por su vuelo intrépido, su rapidez y familiaridad con el trueno y el rayo, atributos de los dioses creadores. Posee, pues, el ritmo de la nobleza hereditaria, del poder y de la guerra. Es en los aires el rey, equivalente al león en la selva terrestre. Pájaro iniciador, puede volar de un mundo a otro regenerando y absorbiendo las almas.
Desde la Prehistoria, es símbolo colectivo de fuerza y potencia. Transmitido a los cristianos en las Cruzadas, pasa a las armas imperiales de reyes y emperadores de Europa. La duplicidad de la cabeza es un reforzamiento de poderes.
En la Biblia se le atribuye a San Juan Evangelista, por la percepción directa de la luz intelectiva e inspiradora.
En India es Garuda, ave gigantesca de naturaleza solar, mencionada en el Ramayana como cabalgadura de Vishnú, la segunda persona de la trinidad compuesta, como es sabido, por Brahma, Vishnú y Shiva.
En Roma interpreta la voluntad divina y duerme sobre el cetro de Júpiter, cuya voluntad transmite a los hombres. En las monedas aparece como símbolo emblemático de las legiones y del poder del Imperio.
En Irán simboliza la victoria entre medos y persas: su vuelo sobre el campo de batalla la presagia, y Ciro el Grande la puso en su estandarte como símbolo de victoria y de triunfo.
En México era una antigua divinidad de la vegetación, relacionada con el jaguar, símbolo de las fuerzas telúricas, de la oscuridad de la materia, mientras que ella lo era del espacio y de la luz, del espíritu celeste. Era la fuerza de los Caballeros Aguila, los guerreros más selectos entre los aztecas, cuyos emperadores se adornaban con sus plumas, con las que también revestían su trono.
Ajedrez
Aunque el origen del ajedrez es un misterio, está prácticamente demostrado que nació en Oriente, si bien ha sido en Occidente donde se le ha dado el impulso y el auge de que goza en nuestros días. También se sabe que en un principio formaba parte de la estrategia de la guerra y se aplicaba a la casta de los chatryas en la India. Las piezas negras y blancas simbolizan la sombra y la luz, la lucha entre titanes y dioses, asuras y devas.
El tablero o arcidriche es la representación del mundo manifestado, regido por la dualidad, lo blanco y lo negro, yin y yang. Consta de 64 escaques o casillas, y el 64 es la cifra de la realización de la unidad cósmica, el mandala que sirve de esquema para la fijación de los ritmos universales y los ciclos cósmicos. 64 son también los hexagramas del Libro de los Cambios chino, recopilado por Confucio, el llamado I Ching. Los ocho signos, con sus ocho mutaciones, constituyen los 64 estados cambiantes o de transición, imágenes que permanentemente se transforman cada vez que se cambia una de las líneas, lo cual simboliza el continuo y cambiante juego de la vida. Nada es estático dice Hermes Trimegisto en La Tabla Esmeralda que, en sus siete principios, recopila toda la antigua sabiduría egipcia. El tablero simboliza el lugar donde tienen su acción, tanto las fuerza cósmicas, como la lucha que el hombre debe librar en su interior, el campo de batalla o kuruchetra de que nos habla el Mahabarata.
Es un juego en el que se ponen en acción la inteligencia y la concentración, por lo que es más fácil aprender sobre el tablero el método lógico y práctico de actuar, que en un manual de estrategia teórica. Como es bien sabido, y según afirma el profesor Klaus, decano de Filosofía de la Universidad Humboldt, El hombre aprende mejor las cosas jugando que recibiendo lecciones abstractas sobre ellas. Y aquí reside, sin duda, la principal virtud del llamado rey de los juegos: en que educa jugando y practicando, pues ejercita a la vez el dominio de sí mismo, el control reflexivo y la disciplina analítica, introduciendo los hábitos de la lógica progresiva. Un diálogo en parte científico y en parte mágico, analítico e intuitivo a la vez, elocuente y silencioso, se instaura en este singular duelo cerebral que es el juego del ajedrez.
Alas
Representan ligereza, espiritualidad, posibilidad de volar y elevarse al cielo. Aspiración del alma al estado supraindividual, trascendencia de la condición humana. Facultad cognoscitiva, imaginación, pensamiento, libertad y victoria.
HINDÚES. Liberación de la materia, fruto de la contemplación. Permiten alcanzar el paraíso. En el Rig Veda representan la inteligencia, como la más rápida de las aves. El Arquitecto Celestial crea el mundo agitando sus brazos guarnecidos de plumas.
EGIPTO. Cuando los dioses egipcios portan alas, indica que están protegiendo, ya sea a los que cubren con ellas, como a los recintos y templos, sobre cuyas puertas se ponía una representación alada de Amon Ra. Reunidas la serpiente Butho y el buitre Nekhebet, símbolos del bajo y el alto Egipto respectivamente, darán nacimiento a una serpiente alada (que recuerda a la célebre serpiente emplumada, el Quetzalcoatl de los aztecas), representando la unión del cielo y la tierra.
AMéRICA. Símbolo del cielo al que puede elevarse con sus alas, el águila en Méjico y el cóndor en Perú, representan el Sol. El ave simboliza la regeneración, el trabajo realizado en la Tierra, que le permite volar hacia un mundo superior (esto nos recuerda también al escarabajo egipcio que, tras irse arrastrando por la Tierra, al final de su vida despliega sus alas para dirigirse al Sol). El colibrí simboliza el astro en su nacimiento y el alma que se eleva de la tierra.
CRISTIANISMO. En el simbolismo cristiano, las alas no son sino la luz del Sol de Justicia, que ilumina siempre la inteligencia de los justos. Dios protege con la sombra de sus alas (Salmos) y el hombre que se aleja de Dios, las pierde. Los ángeles son la máxima expresión del espíritu alado.
GRECIA. Hermes las lleva en los talones, símbolo del viajero y del mensajero, de los sueños, del impulso, de la dinamización. Los griegos representan con alas al Amor y a la Victoria. Según Platón, las alas son símbolo de la inteligencia; por esta causa aparecen en algunos animales fabulosos, como Pegaso, expresando entonces la sublimación del simbolismo específico del animal.
Amarillo
Símbolo del entendimiento, la energía y la inteligencia creadora, dada su relación con el Sol y con el planeta Mercurio. Es el color más próximo al blanco y de ahí también su luminosidad y claridad; es llamativo y vibrante, atrae fácilmente nuestra atención y canaliza la comprensión y la habilidad.
Está relacionado con los elementos aire y fuego, cuando éste se refiere al aspecto místico y dorado del Sol; con el oro y el mercurio en los metales; con la amatista entre las piedras preciosas; con el esplendor del verano, y con el limón, la fruta cuya pequeña flor, el azahar, es deliciosamente blanca y perfumada.
En el panteón azteca, Huitzilopochtli, el dios colibrí, está asociado al amarillo por su largo pico que era como un rayo solar condensado y radiante, favorable y benéfico para los hombres; con el batir de las alas, su cuerpo, casi etéreo, producía los reflejos del Arco Iris. En Grecia es atributo de Apolo, el dios solar, que implica generosidad, belleza, intuición e inteligencia. En Egipto, el sol naciente se representaba con un disco amarillo, y el sol poniente por uno rojo bordeado de amarillo. En India, Vishnú viste de amarillo oro, y en China, el amarillo dorado es el color del Emperador.
Hoy en día es utilizado, en general, por todas las instituciones para fomentar el conocimiento práctico de lo cotidiano. Preside con el blanco las señalizaciónes en las carreteras, las bandas informativas de los servicios públicos sobre todo si se inscribe sobre un fondo negro , como taxis u otros anuncios que necesiten llamar nuestra atención, o ser vistos desde lejos, en aeropuertos y estaciones de tren o de autobuses.
El amarillo es un color vibrante, ardiente, que calienta y atrae, luminoso como el Sol y brillante como el oro, guía de una más justa y armoniosa comprensión entre los hombres y joya para ofrendar a los dioses.
Con un pequeño toque de amarillo, el pintor puede hacer más vivo un cuadro o iluminar un paisaje. Es el color del trigo que nos da el pan y de la paja que sirve de cuna a los humildes. Un pequeño toque dorado puede hacer más hermosa una mujer y puede indicarnos que está a punto de nacer un nuevo día.
Anaranjado
Fusión de dos colores fundamentales, el rojo ligado a la acción y el amarillo ligado a la inteligencia, el naranja es un color activo, caliente, estimulador. Canaliza la actividad colectiva, la comunión de esfuerzos y el dinamismo constructivo. Es el color del trabajo que ensalza y dignifica la vida. Favorece el despertar de la actividad consciente y se puede asociar a todos los esfuerzos desarrollados con gran poder energético.
Es complementario del azul, su color armonizante, es decir, el color de la energía se corresponde con el de la materia atravesada por el espíritu. La Naturaleza, que es armonía de por sí, hace que en los amaneceres y atardeceres, las nubes, más que un tono rojizo, tomen un color anaranjado para mejor contrastar y embellecer el color del cielo.
Su símbolo podría ser la colmena, donde todas las abejas trabajan generosamente en beneficio del grupo y de su reina. Es por tanto el color de la colectividad, de la comunión de esfuerzos, de las experiencias transmisibles.
Está relacionado con el agua y con el fuego, con el plomo entre los metales, con el planeta Saturno, con la planta del azafrán y con el diamante.
En el Tibet, los lamas visten de color azafrán, como distintivo de su dedicación a la comunidad. Allí, este color es símbolo de obediencia y actividad altruista. Alcanzar el naranja es unir la capacidad reflexiva a la capacidad operativa.
En Grecia, el naranja es el color dedicado a Dyonisos, es la conciencia superior que estimula el despertar de la vida, el entusiasmo dionisíaco. La cerámica helénica del período clásico utiliza el naranja como símbolo del principio inteligible que inspira la acción del artista. Anaranjada es la túnica de las Musas, inspiradoras y creadoras de todas las artes.
Por ser también el naranja el color del trabajo ordenado y eficaz, la solidaridad, la dedicación y la disciplina constructiva, son indispensables para obtener resultados beneficiosos en la utilización mágica de este color.
Ángeles
Mensajeros invisibles, habitantes de los cielos, seres de luz y de ligereza pero también de fuego y poder guerrero, están presentes en el espíritu humano desde siempre y no hay civilización alguna que no haya considerado la existencia de estos espíritus benéficos que colaboran con el Creador en muy distintas misiones, según sus diferentes rangos y categorías.
Seres intermedios entre Dios y el mundo, dotados a veces de un cuerpo etéreo, simbolizan las funciones divinas y la relación de Dios con sus criaturas. Las jerarquías terrenales son reflejo de las celestiales. Son signos advertidores de lo sagrado, que nos acompañan y ayudan cuando los necesitamos. A través de la tradición judeo?cristiana, conocemos algunos de sus nombres, como por ejemplo los tres arcángeles principales: Miguel, vencedor de dragones; Gabriel, mensajero e iniciador, o Rafael, protector de médicos y caminantes.
En India, el Universo es concebido como una jerarquía de fuerzas activas, angelicales y demoníacas, divinas y heroicas. Este universo está compuesto por siete planos (lokas) que van desde el origen invisible hasta la manifestación concreta, y está habitado por miríadas de dioses, ángeles y demonios que, conjuntamente, hacen esfuerzos por servir al Dharma, la Gran Ley Universal, a través del Karma, la ley de acción y reacción, tan presentes ambas en la cultura oriental.
En Grecia, el daimon es descrito por Platón en boca de Sócrates, afirmando que en cada hombre de bien reside uno de estos genios tutelares, situado entre lo mortal y lo inmortal, lo humano y lo divino, lo sensible y lo inteligible, que ama la verdad e inclina al hombre hacia el bien, la belleza y la felicidad.
Cada ser humano tiene pues, según todas las tradiciones, un ángel guardián, (o tres si seguimos la doctrina de C.Agrippa, que concede uno a cada plano de la personalidad humana, el plano mental, el emocional y el físico), que vela por él para hacerle progresar en el camino hacia su propia realización espiritual. Todas las religiones afirman que Dios jamás ha abandonado a los humanos y quiso dotarnos a cada uno de un ángel custodio para que escuchemos su voz, ya sean sus misteriosos susurros o sus órdenes imperiosas y estimulantes para despertar nuestra conciencia.
La leyenda los hace siempre portadores de buenas noticias para los hombres, por su alada rapidez como mensajeros celestes.
Anillos
El anillo marca un lazo, alianza o voto. Su agujero central simboliza el lugar de paso de la influencia celestial, el soplo divino que sella el pacto. Es el hueco por el que pasa la energía que hace girar la rueda del destino, símbolo de potencia en manos de los poderosos y de legalidad si lleva impreso el sello que la autoriza.
Entre los griegos, cuando Zeus permite a Heracles liberar a Prometeo, es con la condición de que éste lleve en su dedo un anillo de hierro en el que va engastado un fragmento de roca del Caúcaso, como recuerdo y símbolo de su sumisión al dios. Toda atadura que rodee completamente una parte del cuerpo, encierra en sí misma una potencia sobrenatural que le impide actuar libremente.
Para el budismo es símbolo del cielo indefinido, círculo cerrado en oposición a la espiral. Es el Cielo redondo opuesto al cuadrado de la Tierra.
En el plano esotérico es el cinturón protector de los lugares, conservador de un secreto; apoderarse de un anillo es abrir una puerta; ponérselo a uno o imponérselo a otro es reservarse a sí mismo o aceptar el don del otro.
Otra modalidad del anillo es el círculo en llamas que rodea a Shiva como danzarín cósmico, que puede asimilarse a la rueda del Zodíaco; como ésta, o el ouroboros de los gnósticos, tiene una mitad activa y otra pasiva (evolución, involución), e indica el proceso vital del Universo y de cada una de sus criaturas, la danza y rueda de la Naturaleza que se crea y se destruye de continuo para ir ascendiendo en la evolución de todos los seres.
Existen también los anillos talismanes en las leyendas de casi todos los pueblos. En la mitología nórdica están relacionados con duendes y enanos que los guardan celosamente, dándoselos a veces a los seres humanos cuando desean protegerlos. Estos anillos traían buena suerte a sus propietarios mientras eran cuidadosamente guardados, pero su pérdida iba seguida de terribles desgracias e indecibles tormentos, como recoge Wagner en El Anillo del Nibelungo, su famosa tetralogía. También es frecuente en la literatura europea utilizar la metáfora del anillo de Giges recogida en el relato de Platón: un anillo de bronce que, una vez colocado en el dedo, hacía invisible al que lo llevaba.
ankh
Dentro del complejo simbolismo de la cruz con sus infinitas variantes, presente en todas las religiones y culturas como símbolo del Hombre suspendido entre el Cielo y la Tierra, el Ankh es la cruz ansata de los egipcios, la Llave de la Vida y de la Muerte.
Está formada, empezando desde arriba, por un círculo, símbolo de lo que no tiene principio ni fin, y que representa el mundo celeste, el espíritu de Ra, el Sol para los Egipcios; este círculo sirve también como el asa de la llave, de donde la llevan cogida los dioses que la portan. Está apoyado en la Tierra, como el Sol sobre el horizonte, cuando se pone o amanece. Esta línea horizontal simboliza la materia y no es más que esa línea ilusoria del horizonte creada por la mirada del hombre, cuyo destino como ser humano no puede limitarse a esta tierra: el egipcio sabía que su estancia en este mundo era algo pasajero, sólo una pequeña parte de su gran cadena evolutiva constituida por millones de eslabones. Le sigue por último, y completando la encrucijada, un vástago vertical que simboliza, tanto la bajada o caída de nuestro espíritu para encarnar en la materia, como la subida, el camino inverso que, a partir del punto más bajo, y cada vez que renace en una nueva encarnación, ha de seguir el hombre para iniciar y continuar su ascenso, despertando su propia conciencia como ser humano, es decir, su discernimiento, con inteligencia y voluntad para seguir caminando, sintiéndose uno con su Ego superior, con lo más espiritual o divino que hay en él.
Esta Llave abre también las puertas del mundo de los muertos y penetra el sentido oculto de la eternidad. En las ceremonias fúnebres, cogida por el asa, es la llave de las puertas de la tumba y, situada entre los ojos, es obligación de secreto.
Se puede ver representada también como un lazo mágico que reúne todas las cosas en el nudo del centro y que posibilita el que permanezcan unidas, Es entonces el llamado Nudo de Isis, la noción de religar, como el Yug de los hindúes. Isis, como segunda persona de la principal trinidad egipcia, formada por Osiris, Isis y Horus, es la mediadora divina, la Diosa del Amor y de la Vida, que reunirá, según nos cuenta el mito, los trozos dispersos de su divino esposo Osiris, símbolo del Misterio. Igualmente el hombre accede al conocimiento superior desarrollando su voluntad, en un esfuerzo de unión con su ser interior, su verdadero Ser, donde habita la conciencia de su propia inmortalidad.
Antorcha
Su luz y su calor la identifican con el Sol, por lo que constituye el símbolo de la purificación por el fuego que destruye los elementos materiales y negativos. Su llama asciende siempre vertical hacia el cielo, como queriendo buscar los orígenes divinos del hombre, al que también representa.
Como expresión de la luz, se refiere al conocimiento sagrado y espiritual que ilumina las almas de los hombres sabios. Es el místico fuego interior al que se referían las más antiguas tradiciones, desde la misteriosa civilización de los mayas hasta la poderosa Roma imperial, transmitido a través de todas las grandes Escuelas de Filosofía.
La llama simboliza la vida superior, la luz de la inteligencia que aclara los enigmas que se le plantean al hombre despierto, que quiere combatir las tinieblas de su ignorancia. Es por eso matriz de profundidad y de inspiración que da flexibilidad, ritmo y eternidad a todo lo que existe con su grácil movimiento ascendente y perpetuo.
En el mito de Heracles es el arma con la que éste vence a la Hidra de Lerna, el monstruo de cien cabezas al que el héroe ataca desde lejos con flechas encendidas, ya que el hálito que salía de las fauces de esta especie de monstruoso dragón, era mortal para todo el que se acercase. Para que las cabezas que luego iba cortando con su espada no se reprodujeran más, pide ayuda a su sobrino Yolao, diciéndole que incendie el bosque vecino y, con los troncos ardiendo, cauterice las heridas que así ya no retoñaban nuevas cabezas.
Los incas llamaban a las pepitas de oro semillas de sol, y los alquimistas medievales atribuían al oro un valor simbólico por ser éste receptáculo del fuego elemental, representado asímismo por el Sol. Así el oro, como la antorcha, es la quintaesencia del fuego, de ese fuego del conocimiento que se va transmitiendo de unos a otros, pasándose la antorcha, para perpetuar la tradición de la sabiduría atemporal que late en el fondo de todas las grandes civilizaciones.
Araña
Teniendo en cuenta que, en general, lo propio de toda interpretación simbólica es no ser jamás exclusiva, sino al contrario, comprender en un amplio sincretismo todas las interpretaciones posibles, y que la simbología es el mejor medio para desvelar las enseñanzas que desde siempre nos ha ido transmitiendo la sabiduría antigua a lo largo de todas las tradiciones, en el simbolismo de la araña vemos que se superponen tres importantes aspectos: creación, destrucción y centralización. El primero de ellos es su capacidad creadora, extrayendo de ella misma la sustancia para elaborar el hilo con el que construirá su propia tela. El segundo, de destrucción, se puede observar en su agresividad para cazar a cuantos insectos se le acercan incautamente y que constituyen su alimento para renovarse cada día, y el tercero es la red perfectamente tejida en espiral a partir de un centro, en el cual ella misma se coloca y permanece alerta para reaccionar inmediatamente ante cualquier agresión.
Observando y leyendo en el gran libro de la Naturaleza, la araña nos va a dar múltiples claves: podemos ver en ella la imagen simbólica del centro del mundo, de la gran manifestación emanada del Primer Principio del que todo nace y al que todo ha de volver; el doble camino de descenso y retorno que ha de existir tras la evolución y muerte cíclica de todo lo creado. En India es considerada en este sentido como imagen de la diosa Maya, la eterna tejedora del velo de ilusiones que encubre a nuestros ojos la verdadera realidad de lo que somos. La araña puede bajar y subir, elevarse por su delicado hilo y volver a su propio centro cada vez que hace una escapada al mundo para explorar el medio externo y buscar nuevos alimentos, atesorando así las experiencias con las que de nuevo se elevará a su punto de reposo, hasta que el principio de necesidad le obligue de nuevo a realizar otra bajada.
En Grecia es Aracné, una doncella lidia discípula de Atenea en sus funciones como diosa y maestra de hilanderas y bordadoras. Bordaba tan bien la bella Aracné, que su soberbia la llevó a desafiar a la misma Atenea, por lo que fue primero advertida y más tarde castigada a tener que permanecer hilando y tejiendo, durante toda su vida, una tela cuya fragilidad e inestabilidad hace que se rompa fácilmente con el simple soplo de un mortal.
La forma radiada de su tela simboliza el Sol y el hilo es el soporte de la realización espiritual. La Luna aparece también en muchos mitos representada como una inmensa araña a causa de su carácter pasivo, de luz reflejada, y por sus distintas fases de creciente y menguante, afirmativa y negativa, lo que corresponde a la esfera de la manifestación fenoménica que va tejiendo con sus hilos el destino de los hombres.
Según M.Schneider, las arañas, construyendo y destruyendo sin cesar, simbolizan la inversión contínua a través de la cual se mantiene en equilibrio la vida del Cosmos. Este mismo simbolismo penetra la vida del hombre (microcosmos), para significar el sacrificio contínuo de su vida, mediante el cual se va transformando y pasando de un mundo a otro, de su parte humana a la divina por medio del sacrum fiere, o sea, haciendo sagrado, y ritualizando cada acto, cada decisión importante a lo largo de toda su existencia, que se desarrolla en ese puente o gozne entre la razón y el corazón, entre lo sensible y lo inteligible.
Árbol
En el sentido más amplio, el árbol representa la vida del cosmos en perpetua generación y evolución, pero sus significados más comunes son muchos: verticalidad, eje o centro del mundo, cariátide que une el cielo y la tierra, ciclicidad de los periodos estacionales, de la vida, muerte y regeneración. Está en comunicación con los cuatro elementos: el agua circula por su savia, la tierra se integra en su cuerpo a través de las raíces, el aire nutre sus hojas y el fuego brota de su frotamiento.
Pone en comunicación los tres niveles del cosmos: el subterráneo, donde se desarrollan la semilla y sus raíces; el terrestre donde nace y crece su tronco y sus ramas, y el celeste, donde el aire de las alturas mece sus hojas, elevando al cielo sus ramas y haciendo que sus flores y frutos se abran a la luz del Sol. A las raíces del árbol corresponden los dragones y serpientes (fuerzas originales, primordiales); al tronco, animales como el león, el unicornio y el ciervo, que expresan la idea de elevación, agresión y penetración, y a la copa corresponden aves y pájaros, que simbolizan los cuerpos celestes. Las correspondencias alquímicas de color son: raíces?negro, tronco?blanco y copa?rojo. La serpiente enroscada al árbol simboliza la espiral ascendente, y la copa donde anidan y vuelan las aves, propicia la comunicación entre el mundo ctónico y el uraniano.
Entre los celtas, la encina era el árbol sagrado; entre los escandinavos, el fresno; el tilo en Germania, y la higuera en la India. Resume la Cábala en el Arbol Sephirotal y, como Arbol de la Sabiduría o de la Vida, colocado en el centro del Paraíso, provoca tanto la caída del hombre como su redención en los dos maderos de la cruz de Cristo.
Para el budismo, como árbol Bodhi, es iluminación y vida, representación del mismo Buda, y para el brahmanismo, sus raíces son la Tríada compuesta por Brahma, Vishnú y Shiva.
En el vedismo, como también en otras religiones, es muy frecuente la representación del árbol invertido, vida que nace en el cielo y se extiende sobre la tierra, expandiéndose sus ramas por el mundo. Esta es una idea de la que nos hablan no sólo los Upanishads, sino también Platón, el Zohar y el islamismo.
Auriga
Simboliza la calma, el autodominio, el control de nuestra propia mente y psique tan cambiantes e inestables. Reduce lo múltiple que nos acosa desde el exterior a la unidad interna de la voluntad.
Los caballos de su carro son los instintos o pasiones y suelen ser siempre cuatro, simbolizando la correspondencia de cada uno de ellos con los cuatro vehículos de la personalidad humana, según la constitución septenaria del hombre, como la estudian las tradiciones orientales más antiguas, o sea, dividida en los tres vehículos del espíritu, simbolizado por un triángulo (Atma, Budhi y Manas) y los cuatro de la materia o cuerpo físico que le sirve como soporte, representada por un cuadrado (Kama?Manas, Linga Sharira, Prana Sharira y Stula Sharira). El auriga estaría situado justo en el puente o antakarana que une ambas partes, superior e inferior, lo que llamaríamos, muy simplificadamente, alma y cuerpo. él es la razón vigilante e inflexible que controla y lucha por dominar esos cuatro caballos de sus cuatro vehículos materiales, que intenta cada uno tirar por su propio camino, mientras que el auriga los hace volver continuamente a la senda por donde él quiere y decide llevarlos por su propia voluntad. Así complementa y armoniza el ardor de las pasiones con el dominio de su inteligencia y su razón que las controla.
El auriga es el alma que despierta y se ve dividida, que entiende la lucha que ha de librar para que prevalezca su espíritu, sosteniendo fuertemente las riendas de su cuadriga. La mano que sostiene las riendas simboliza el nudo que ata espíritu y materia, los dos bandos de esta gran batalla. Platón trata de ello muy bellamente en el Fedro.
El más célebre y simbólico auriga o conductor de carros es Arjuna, el príncipe Pandava que, instruido y animado por su maestro Krishna, lucha contra sus enemigos?hermanos Kuravas para conquistar el reino de Hastinapura. Este episodio, titulado Baghavad Gita o El Canto del Señor, es uno de los más conocidos y simbólicos de toda la literatura oriental y pertenece a la gran epopeya del Mahabarata. Arjuna es el héroe por excelencia de esta guerra interior que los aztecas llamaron la guerra florida. Es el Discípulo que, siguiendo a su Maestro, trata cada día de conquistar su propio Ser venciendo y conquistándose a sí mismo.
Azul
El azul es otro color fundamental impregnado de magia. Es un rincón del infinito que se abre a la ventana de nuestra alma; el mar y el cielo fundidos en una misma dimensión de altura e inmensidad profunda. Es el Amor Sabiduría plasmado en Energía Vida, que simboliza por excelencia el ideal femenino.
Correspondencias: visión, meditación, intuición, amor ideal, profundidad, desapego de las cosas materiales. Su elemento es el éter; su planeta Neptuno; como piedras preciosas el zafiro y la turquesa; punto cardinal el Oeste.
Como aspectos negativos tiene la inconstancia y el olvido, y como positivos la conciencia superior y la intuición.
Para los aztecas el azul turquesa era el color del Sol en su aspecto más profundo y místico. En el budismo tibetano el azul es el color de la Sabiduría. En India, Krishna, el mensajero divino, tiene la piel azul como símbolo del Amor del Maestro que enseña a los hombres.
El azul oscuro se asimila al negro, que es es la suma de todos los colores, la noche, mientras que el azul celeste, como también el amarillo puro, se asimila al blanco, a la luz pura del día.
En la Edad Media fue adoptado por la iglesia cristiana como el color del manto de la Virgen, bajo el que cobija como Madre celeste a todos los hombres, y así es recogido desde entonces en sus vestiduras por pintores y escultores, asociándolo también al blanco como símbolo de su pureza.
Para los antiguos egipcios, el azul es el color de la Verdad, simbolizada por la diosa Maat, que es también la Justicia misma. El atributo que la representa es una pluma azul, presidiendo con ella el fiel de la balanza utilizada por Anubis para el peso del corazón del difunto ante el Tribunal de Osiris.
El azul es como ese corazón oculto, que ha de pasar a la otra vida ligero como la pluma de Maat, algo que llevamos todos muy adentro nuestro, como una plenitud latente, soñada e inalcanzable, pero que jamás nos podrá dejar vacíos de esperanza, porque es nuestra añoranza del cielo, de nuestros propios orígenes divinos.
Por eso, en cada toque de azul sentimos que regresamos a casa.
Cisne
En la antigüedad occidental, el cisne era simbólicamente un animal muy importante. Su cuello flexible y su plumaje de blancura inmaculada, fueron el arquetipo de la pureza y de la nobleza.
Se asociaba, sobre todo, con el dios griego Apolo, dios solar de la armonía creadora. El cisne, presente en el nacimiento del dios, lo transporta por los aires y puede profetizar gracias a su poder. El célebre canto del cisne se remonta al don de la profecía ya mencionado por Esquilo: el pájaro de Apolo, al aPróximarse su muerte, deja oír unos gritos plañideros aunque admirables.
En la India, el cisne (o la oca) Hamsa es un pájaro fabuloso, capaz de separar la leche del agua en un brebaje compuesto por los dos elementos, en el que la leche representa al espíritu y el agua a la materia. Más esotéricamente, se asocia también al nacimiento del mundo: es el gran cisne Hamsa (literalmente yo soy él) que incuba el huevo cósmico, a partir del cual se manifiesta el mundo desde su aparición en la superficie de las aguas primordiales. El cisne representa entonces el soplo primordial que insufla la vida en la sustancia material aún en estado germinal.
Colores
Los llamados siete colores del arco iris son, aparte de un curioso y bello fenómeno, las diferentes radiaciones de que se compone la luz solar, por lo que, simbólicamente, y al igual que ésta, los colores representan la fuerza creadora de la energía cósmica a través de sus siete manifestaciones. El color es energía luminosa con diferentes longitudes de onda e intensidades relativas: esto lo descubrió Newton en 1.666, descomponiendo un rayo de sol a través de un prisma óptico en los colores del arco iris y volviéndolos luego a reunir formando nuevamente la luz blanca, lo cual, a nivel simbólico es muy significativo como representación gráfica de las energías creadoras, del inicio y final de los tiempos.
Para algunos intérpretes sin embargo, y como explica R.Guénon en su libro Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, la gama real del arco iris es de seis colores: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta; el índigo, que se acostumbra a enumerar para completar el septenario cromático, no es en realidad más que un simple matiz intermedio entre el violeta y el azul y no hay razón para considerarlo como un color distinto. En efecto, afirma Guénon, pueden colocarse los tres colores primarios rojo, azul y amarillo en los vértices de un triángulo y los tres complementarios verde, naranja y violeta en los de un segundo triángulo inverso con respecto al primero, de modo que cada color fundamantal y su complementario respectivo se encuentren situados en dos puntos diametralmente opuestos; vemos que la figura así formada no es sino la del sello de Salomón. Esto equivale a decir que el séptimo no podría ser otro que el blanco y habría que situarlo justamente en el punto o eje central, pues no es representable como los otros seis, sino el origen miismo de todos y su vía de retorno como ciclo de manifestación que se expande primero y luego vuelve a su punto original. Son portadores por tanto de una fuerza vital extraordinaria que actúa a través de nuestro cuerpo hasta el último de sus átomos.
En los siete días de la semana del Génesis hebreo, podemos establecer este mismo simbolismo con respecto al séptimo día, esencialmente diferente a los otros seis: es el día de reposo, el retorno del Principio Creador al estado inicial de No manifestación. Podrían establecerse otras muchas analogías que demostrarían, una vez más, que la Ciencia viene siempre, por lo general, a confirmar la Tradición transmitida a los hombres a través de los libros sagrados de todas las religiones y mitos de la antigüedad.
Columna
La columna es simbólicamente el soporte, el eje de la construcción y de sus diferentes niveles. Es como la piedra angular, cuyo movimiento puede amenazar todo el edificio, pues constituye el centro sobre el que se apoya y del que depende su estabilidad.
Con la basa y el capitel simboliza el árbol de la vida con sus raíces, tronco y copa. El árbol sería como el modelo de la Naturaleza, el antecesor natural de la columna como creación humana hecha a imitatio Dei.
Para los celtas, la columna simbolizaba el eje del mundo, comparable al héroe que sostiene a sus compañeros como pilar del combate. Tiene también, desde muy antiguo, una connotación fálica como poder generador, erección natural de la piedra, simbolizada en el menhir.
Más tarde, en Grecia y Roma se ofrendaban solemnemente columnas para conmemorar acontecimientos importantes: eran el reconocimiento del hombre hacia la divinidad que los había protegido. También se hacían para divinizar a emperadores u otros hombres ilustres, asegurando así su inmortalidad con el recuerdo de su poderío en la tierra. En los Himnos Homéricos simboliza el poder de Dios, su soporte material.
Es también frontera de protección insuperable, límite superior infranqueable, más allá del cual el hombre no debe aventurarse, como ocurría con las famosas Columnas de Hércules. En las alegorías y símbolos gráficos, casi nunca aparece una columna sola, sino que son dos. Cuando están colocadas a los lados de un escudo, equivalen a los tenantes, fuerzas contrarias en equilibrio tensionado, y lo mismo si están sosteniendo un dintel. Los dos pilares o columnas simbolizan, cósmicamente, la eterna estabilidad, y su hueco la entrada a la eternidad. Aluden también al Templo de Salomón, imagen de la construcción absoluta esencial.
Las dos columnas son siempre de cualidad diferente, símbolo de la dualidad diferencial. El uno corresponde al principio masculino, afirmativo y evolutivo, y el dos al femenino, negativo o pasivo e involutivo. Por eso señala Saunier que las dos columnas que se alzan a la entrada de los templos, expresan particularmente las ideas de evolución e involución, del bien y del mal, como el árbol de la ciencia situado en el Paraíso.
En el Templo de Hércules en Tiro, una de las columnas era de oro y la otra de una piedra semipreciosa. En la tradición hebrea, las dos columnas del árbol sephirotal se denominan de la Misericordia y del Rigor, lo cual no deja de recordarnos el gancho y el látigo que portaban en sus manos los faraones egipcios con este mismo simbolismo de piedad y de disciplina para gobernar al pueblo.
Volviendo a la columna única, a veces tiene sentido de teofanía: es la revelación de Dios en la oscuridad, la columna de fuego que guía a los israelitas a través del desierto, como una iluminación divina en medio del caos. También pueden ser las almas que aman a Dios y que dejan filtrar su luz a través de ellas.
Vemos asímismo una correspondencia con nuestra columna vertebral, que se puede asimilar también al eje del mundo, como el cráneo a la imagen del cielo en la relación macrocosmos-microcosmos?. Es, en definitiva, el eje de lo sagrado.
Copa
Símbolo cósmico
Recipiente redondeado, que puede llegar a veces a una semiesfera, la copa puede ser un hemisferio en estrecha relación con símbolos cósmicos, como el huevo. Así, los Dióscuros, los gemelos Cástor y Pólux, hijos de Zeus y protectores de Roma, llevan cada uno de ellos un tocado de media cáscara de huevo coronado por una estrella, que recuerda a la vez su nacimiento (del huevo del cisne de Leda) y su divinización en la constelación de Géminis.
La copa es así un símbolo cósmico, es el huevo del mundo cortado en dos mitades, en dos copas opuestas: la una, la del cielo, es la imagen de la bóveda; la otra, la de la tierra, es la imagen de la copa receptora. Por ello la copa está a veces asociada al creciente lunar o a la barca, como receptáculo de las energías celestes.
El simbolismo de la copa revela otros aspectos esenciales unidos entre ellos: el del vaso de la abundancia y el del vaso que contiene el brebaje de la inmortalidad.
En el primer caso, se compara a menudo con el seno maternal productor de leche.
La copa es un recipiente de culto por excelencia, que sirve como depósito de ofrendas y de libaciones en los sacrificios, y también permite recoger el más precioso de los líquidos: el soma de los dioses hindúes, la ambrosía de los dioses del Olimpo, o la sangre de Cristo en el Cáliz eucarístico o Grial. Lo mismo sucede con el agua del dios griego Hermes, encerrada en el Vaso del Arte a partir de la cual los alquimistas obtenían la piedra filosofal. Esta transmutación de los metales viles en oro se parece al peregrinaje del alma hacia la luz. Esta copa del Grial que contiene la sangre, principio de vida, es el homólogo del corazón, y por consecuencia del centro. En Egipto, el jeroglífico del corazón tiene la forma de un vaso.
El Grial era también figurado como un navío, el arca que contiene los gérmenes del renacimiento cíclico, de la tradición perdida.
Simbolo místico de la copa
En el mundo celta, la copa que una joven presenta al candidato-rey, llena de vino, cerveza o hidromiel, es un símbolo de soberanía. El Santo Grial es el continuador de esta copa de soberanía. La copa del Grial, que recoge la sangre de Cristo, obtuvo en el mundo occidental una celebridad considerable. En la Edad Media, Chrétien de Troyes, en Perceval o el Cuento del Grial, emprende la cristianización de los antiguos mitos celtas, puesto que el Grial, que es a la vez un vaso profundo, una bandeja preciosa, y también un gradual o libro litúrgico, correspondería al caldero o al cuerno de la abundancia que aparece en las imágenes de la soberanía entre los celtas.
Así, el Grial es asociado progresivamente a la Pasión de Cristo, y se convierte a la vez en la copa de la última Cena (cáliz del misterio eucarístico) y en el vaso en el cual José de Arimatea recoge la sangre de Cristo en la Cruz.
Esta copa es a la vez un símbolo de salud espiritual y de ascensión hacia la santidad, puesto que aquellos que emprenden su búsqueda, tan sólo tendrán éxito si manifiestan una absoluta pureza de corazón.
El simbolismo del Grial se asemeja al de la calota craneana del budismo tántrico que contiene la sangre como expresión de la inmortalidad o del conocimiento obtenido al precio de la muerte al estado actual de vida, es decir, como renacimiento iniciático o en otro plano de la conciencia.
En la literatura mística del Islam, la copa simboliza el corazón, entendido en el sentido de intuición, de finura del alma.
Beber en la misma copa es un rito extendido en el Extremo Oriente, signo de fidelidad, de pacto y de pertenencia.
La dimensión psicológica
En una visión de Zósimo de Panópolis (alquimista y gnóstico del siglo II), aparece un altar en forma de copa, que Jung relaciona con la crátera de Pimander, enviada a la tierra por el demiurgo, llena de nous o espíritu en el que pueden sumergirse los que se esfuerzan por llegar a una consciencia más elevada.
Esta crátera se convierte en un vaso mágico donde se cumplen la inmersión, el bautismo y la transformación en un ser espiritual. Jung dice que este Vaso de Hermes es un útero de renovación o de renacimiento, donde el plomo de la materia se transmuta en oro espiritual.
En la tradición cristiana, la copa se asocia al destino humano. El hombre recibe su destino, como el contenido de una copa, de la mano de Dios. Así, puede tratarse de una copa desbordante de bendiciones, o bien de la copa de la cólera divina, llena del fuego del castigo. Los símbolos asociados a la copa son: el huevo, el corazón, el vaso o la barca, el cráneo, la calabaza, el cuerno de la abundancia.
Corazón
Corresponde de manera general a la noción de centro, de foco de vida y conciencia. Todas las culturas tradicionales localizan también en él la inteligencia y la intuición.
Para los hindúes es Brahmapura, la morada de Brahma, y Prajapati, Brahma en su función reproductora, origen de los ciclos del tiempo. Por su doble movimiento es también símbolo de la expansión y reabsorción del Universo.
En China corresponde al elemento tierra, al elemento fuego y al número 5, en el que se encuentra la luz de la revelación.
Los egipcios lo representan por un vaso, ib, que contiene el elixir de la inmortalidad. Ptah ha pensado el Universo con su Corazón antes de materializarlo con la fuerza del Verbo. Es el centro de la vida, voluntad e inteligencia. El corazón del difunto, única víscera que se deja en la momia, se pone en uno de los platillos de la balanza, por lo que es asimilado a la conciencia y a la eternidad. Dado que el tiempo es el movimiento externo de la espiral de la manifestación, al estar el corazón en el punto central, está simbolizando al Ego que permanece en el centro de las distintas vidas dentro de la inmensa rueda de reencarnaciones a que se ve forzado por la necesidad de evolución para volver a sus orígenes.
En el esquema vertical del cuerpo humano, tres son los puntos principales: el cerebro, el corazón y el sexo. De estos, el corazón está justamente en el punto medio, lo que le hace ser el centro, concentrar en cierto modo la idea y la energía de los otros dos. Según los alquimistas, el corazón es la imagen del Sol en el Hombre, como el oro es la imagen del Sol en la Tierra.
Para la tradición islámica, el corazón está asociado a la mística y a la contemplación. Es el Trono de Dios, lugar escondido de la conciencia. Cuando el Corán habla del espíritu divino insuflado a Adán, se refiere a la conciencia, pues representa la presencia del espíritu en su doble aspecto de Conocimiento y Ser.
En los emblemas, el ideograma figurativo del corazón significa el Amor como Centro de Iluminación y Felicidad, por lo que aparece rematado por llamas o por una corona, cruz o flor de lis.
Corona
Comparte los valores de la cabeza y los que la rebasan, el don venido de lo alto. Su forma circular indica la perfección. Cuando culmina en forma de domo indica una soberanía absoluta.
Expresa elevación, poder e iluminación.
En el simbolismo cabalístico expresa lo Absoluto, el No Ser; está en el vértice del árbol de los Sefirot. La iconografía alquímica muestra a los espíritus planetarios recibiendo su luz en forma de corona de manos del rey, el sol.
En Egipto eran objetos de culto, manejadas sólo por los iniciados.
En el Islam es el punto por donde el alma se escapa para elevarse a los estadios suprahumanos. Se le atribuye valor profiláctico, por la materia de que está hecha: flores, metal, piedras preciosas, y por su forma circular.
En Grecia y Roma es símbolo de consagración a los dioses; sus estatuas se coronan con las hojas de los árboles y frutos que se les consagran.
Asimilan al que las lleva con la divinidad, porque captan las virtudes del cielo y del dios. Representan la estancia de los bienaventurados o de los muertos, y el estado espiritual de los iniciados. Símbolo de luz interior, que ilumina el alma de quien ha triunfado en el combate espiritual.
En América central sólo aparece en los dioses agrarios. La corona de plumas de los indios es la identificación con la divinidad solar.
Para los judíos se asimila con la diadema de oro llevada por los sumos sacerdotes. Los profetas dicen que Israel es la corona de Dios, signo de su acción todopoderosa entre los hombres.
Cristo aparece como soberano coronado como Dios. La corona del atleta victorioso se asimila en el cristianismo primitivo a un registro espiritual; Isaías habla de las coronas reservadas en el Séptimo Cielo a los que aman al Amado. En los ritos medievales de consagración de las vírgenes los símbolos era el velo, el anillo y la corona.
Cruz
Es uno de los símbolos que vienen de la más remota antigüedad. Es el tercero de los 4 símbolos fundamentales, con el centro, el círculo y el cuadrado. Establece una relación entre los otros tres: se inscribe en el círculo y lo divide en 4 segmentos; engendra el cuadrado y el triángulo. Representa la tierra, como el cuadrado, pero expresa sus aspectos intermedios, dinámicos y sutiles. Dirigida hacia los 4 puntos cardinales es la base de todos los símbolos de orientación en los diferentes planos de la existencia del hombre.
Tiene una función de síntesis y medida. Une en sí el cielo y la tierra, el tiempo y el espacio.
En las leyendas orientales es la escala por donde el alma sube hacia Dios.
La iconografía cristiana ha enriquecido mucho el símbolo de la cruz al condensar en ella la historia de Cristo. Se utiliza para expresar la Pasión y su propia presencia. Se distinguen 4 clases: la tau sin cúspide, con cúspide y un travesaño, con cúspide y dos travesaños y con cúspide y tres travesaños.
La tau simboliza la serpiente clavada en una estaca, muerte vencida por el sacrificio, con un sentido misterioso ya desde el Antiguo Testamento.
Con un travesaño es la de Cristo; sus 4 ramas son los 4 elementos, el conjunto de la humanidad, la fe asentada profundamente, la esperanza subiendo al cielo, la caridad extensa.
Con 2 travesaños es Cristo también: el de arriba sería la inscripción INRI.
Con 3 es símbolo de la jerarquía eclesiástica: tiara papal, sombrero cardenalicio y mitra episcopal.
En las tradiciones judía y cristiana pertenece a los ritos de iniciación primitivos, anunciada por varias figuras del Antiguo Testamento. Se convierte en polo del mundo; es el hombre con los brazos extendidos abarcándolo. Es el árbol de la vida.
La cruz céltica se inscribe en un círculo cuyas extremidades lo desbordan, uniendo así el simbolismo de ambos. Coincide con la división de Irlanda en 4 provincias con una quinta en el centro formada por una parte de cad una de las demás. En época carolingia sintetiza el cristianismo y la tradición céltica.
En Asia el eje vertical es una jerarquía de estados del ser; el eje horizontal es Prakriti, la superficie de las aguas sobre la cual actúa Purusha, el eje vertical activo celeste.
En China es mediadora entre el círculo y el cuadrado, entre cielo y tierra, símbolo pues del mundo intermedio y del hombre universal. El centro es el vacío del cubo de la rueda, actividad central no actuante. Es el emblema de la radiación del centro solar. Es el número 10, que los contiene a todos.
En Egipto la cruz ansada es una argolla de la cual pende una tau. Atributo de Isis, emblema de la vida y la eternidad.
Para los aztecas era la totalidad, Xiuhtecutli, el fuego asentado en el hogar del universo.
Cuatro
Las significaciones simbólicas del 4 dependen de las del cuadrado y las de la cruz: plenitud, universalidad, símbolo totalizador. Designa el primer cuadrado y la década; la tetraktys pitagórica se produce por la adición de los 4 primeros números. Simboliza lo terreno, la totalidad de lo terreno y de lo revelado.
En los Vedas es número sagrado. El hombre también se compone del cuadrado de 4, 16 partes.
En la Biblia, sobre todo en el Apocalipsis, sugiere la idea de universalidad: los 4 jinetes, los 4 ríos del paraíso que delimitan el mundo habitable, los 4 campamentos de las 12 tribus, los 4 símbolos de los evangelistas, las 4 letras de YHVH. Caracteriza la totalidad del universo.
Para los indios de América del norte es un principio determinante de su filosofía; principio de organización: el espacio se divide en 4 partes, el tiempo, las plantas, las especies animales, los vientos, las virtudes. 4 veces 4 es la plenitud. Wakan Tanka, el Gran Misterio, es una cuaternidad formada por el Dios jefe, espíritu, creador y ejecutante.
En el Popol Vuh hubo 4 creaciones sucesivas, correspondientes a 4 soles y 4 edades.
Es el signo de la potencialidad, esperando que se opere la manifestación, que viene con el quinto.
Para los sufíes el 4 es el número de puertas que debe atravesar el adepto, cada una relacionada con un elemento.
Cuervo
Su color y su grito lúgubre, el que se alimente de carroña, hace para nosotros al cuervo pájaro de mal agüero.
En China también, pero al mismo tiempo es símbolo de amor filial, porque se dice que alimenta a sus padres.
En Japón es símbolo de amor familiar; mensajero divino, anunciador de triunfos; pero es ave solar y se le representa de color rojo.
En India el Mahabharata le hace mensajero de la muerte.
En la Biblia, Génesis, es al perspicacia: Noé le envía a verificar si la tierra ha comenzado a emerger tras el diluvio.
En Grecia se consagra a Apolo; ellos determinaron el emplazamiento del omphalos de Delfos según Estrabón; fueron las águilas según Píndaro y los cisnes según Plutarco. Son también atributo de Mithra.
Entre los celtas desempeña un papel profético. El nombre de Lyon, Lugdunum, se puede interpretar como Colina del Cuervo, no de Lug, según el pseudo Plutarco, porque su vuelo indicó el emplazamiento de la ciudad.
Para los galos era sagrado.
Para los germanos eran compañeros de Wotan; Odín tiene dos sobre su asiento : Hugin, el espíritu, y Munnin, la memoria.
Para los indios norteamericanos es la personificación del trueno y el viento, igual que para los mayas en el Popol Vuh.
En los sueños es mal agüero; cercano a las tinieblas, sobrevuela los campos de batalla como pájaro fúnebre. Es también la soledad, el aislamiento voluntario.
Es un simbolismo, el del cuervo, lleno de contradicciones: pájaro solar y tenebroso, anuncia la muerte y la desgracia y a veces protege. Esta ambivalencia proviene de sus variadas propiedades físicas.
Diluvio
Es signo de la germinación y la regeneración. Destruye porque las formas están agotadas, pero le sucede siempre una nueva humanidad; evoca la idea de la reabsorción de ésta en el agua primordial y la institución de una nueva época.
Generalmente está unido a faltas de la humanidad, contra las leyes y las reglas. Purifica y regenera como un inmenso bautismo colectivo, decidido por una Conciencia superior.
El destino de todas las formas es disolverse para poder reaparecer; si no agotarían sus posibilidades creadoras y se extinguirían definitivamente.
Casi todas las civilizaciones han tenido la historia de su diluvio: el del Génesis bíblico, el de Deucalión y Pirra, el del Popol Vuh.
Dos
Es signo de la germinación y la regeneración. Destruye porque las formas están agotadas, pero le sucede siempre una nueva humanidad; evoca la idea de la reabsorción de ésta en el agua primordial y la institución de una nueva época.
Generalmente está unido a faltas de la humanidad, contra las leyes y las reglas. Purifica y regenera como un inmenso bautismo colectivo, decidido por una Conciencia superior.
El destino de todas las formas es disolverse para poder reaparecer; si no agotarían sus posibilidades creadoras y se extinguirían definitivamente.
Casi todas las civilizaciones han tenido la historia de su diluvio: el del Génesis bíblico, el de Deucalión y Pirra, el del Popol Vuh.
Dragón
El dragón es una entidad fascinante y tremenda a la vez. Expresa las fuerzas telúricas y espirituales que asocia en sí mismo, y es también un despiadado guardián.
Custodia las tierras y las cavernas prohibidas, porque en estos lugares no existen ni el bien ni el mal, sino solamente unos poderes casi mágicos que no deben ser utilizados sino por hombres de virtud y conocimiento, de corazón puro.
El dragón es el guardián de los secretos divinos.
El dragón puede ser domado pero jamás destruido, ya que mora latente en cada ser, como dormido, aunque siempre dispuesto a despertar si se abandona la vigilancia. Entonces renace, y sus fuerzas destructoras devoran cuanto se le enfrenta cuando uno no está suficientemente preparado.
Símbolo de la relación entre la tierra y el cielo, posee a la vez alas de grifo y patas con garras de águila. Une los extremos de los dos mundos, es decir su energía. Cabalgar el dragón, domarlo y reducirlo a la quietud, es unir esta doble energía, lo que sólo pueden hacer los santos, los sacerdotes o los místicos. San Miguel o San Jorge en la tradición cristiana, San Gabriel en la del Islam, han vencido al dragón porque poseían el conocimiento perfecto de los dos mundos, el terrestre y el celeste: su espada, semejante a un rayo luminoso y símbolo de la luz divina, logra herir las fuerzas de la ignorancia y de la duda.
Tanto en el plano colectivo como en el individual, es imprudencia peligrosa despertar el soplo del dragón antes de poseer la sabiduría. Ciencia sin conciencia es la ruina del alma
Elefante
En el sentido más amplio y universal, es símbolo de fuerza y de potencia, no sólo física sino también mental y espiritual.
Las tradiciones hindúes lo identifican con Ganesha, dios de la Sabiduría, hijo de Shiva y Parvati. Su cuerpo de hombre es el microcosmos, la manifestación, y su cabeza de elefante el macrocosmos, la no manifestación; es el comienzo y el fin. En las procesiones es la montura de los reyes, en primer lugar de Indra, rey del Cielo, simbolizando así la fuerza de la soberanía.
Por su forma redondeada y su color gris blanquecino, los elefantes son en el lejano Oriente símbolo de las nubes. De ahí la mítica suposición de la existencia de elefantes alados estableciendo la línea nubosa del horizonte. En Siam, Laos y Camboya, el elefante blanco aporta la lluvia y las buenas cosechas, puesto que Indra, el rey del Cielo que lo cabalga, es también la divinidad de las tormentas.
Desempeña el papel de animal?soporte del mundo. Los elefantes son las cariátides del Universo; poseen en sí la estructura del cosmos, son los cuatro pilares que soportan la esfera celeste, simbolizando la estabilidad y la inmutabilidad. El yoga lo asimila al chakra Mulhadara, elemento tierra, dominio del centro real sobre las direcciones del espacio terrestre. En el Arbol de la Vida, que une el Cielo con la Tierra, el elefante está en la copa, de donde viene la luz que ilumina desde la cima hasta el valle. Sus pies y su trompa, en forma de S, llegan hasta la Tierra y sus dos orejas, en otro plano simbólico, se corresponden con las dos partes del hacha de doble filo que portaban los antiguos cretenses.
En las enseñanzas búdicas, la reina Maya concibe al Buda al ser rozado su cuerpo durante el sueño por la trompa de un elefante joven, instrumento de la acción y bendición del cielo para dar lugar al nacimiento del Avatara.
Su fuerza da a quienes le invocan la consecución de sus deseos. En su calidad de dios de la sabiduría y de eliminador de obstáculos, se pide auxilio a Ganesha cuando se va a iniciar una empresa de importancia y se le invoca asímismo al principio de los libros.
En el vértice de un pilar el elefante evoca la luz del conocimiento. Es la montura del Boddhishattva, expresando así el poder de su conocimiento, capaz de despertar al hombre a la conciencia de su destino.
Escarabajo
El escarabajo es el más venerado, el más frecuente y familiarmente conocido de todos los símbolos egipcios. Tiene un doble simbolismo: con las alas recogidas es el discípulo, la vida que aún no ha podido florecer, que comienza su andadura esforzándose por ir poco a poco estirando sus élitros hasta llegar a moverlos con rapidez y, entonces, esa masa pesada apegada a la arena, ese animal que se arrastraba dejando sus marcas como si fueran garras en el suelo, se levanta y vuela hacia el Sol siendo ahora Kepher, el símbolo del iniciado y del maestro, relacionado con Amón, el disco solar alado.
Los griegos, y los romanos después, recogieron una frase que se dice estaba grabada en los duros pilares que sostenían estos escarabajos sagrados en los templos egipcios: Yo soy Kepher, el discípulo; cuando abra mis alas , resucitaré.
El significado de Kepher en la escritura jeroglífica es llegar a ser, o sea, hacerse, formar o construir de nuevo. Es, por tanto, un símbolo de resurrección, imagen del Sol que cada día renace de sí mismo. De ahí que en sus representaciones lleve una bola entre las patas delanteras que es, por un lado, la imagen de ese Sol que cada día se renueva y, por otro, la del discípulo que renace de su propia descomposición. El escarabajo camina durante toda su vida pegado a la tierra y haciendo rodar una pesada bola de estiércol que encierra su propia descomposición, pero en la que ha depositado la semilla de su inmortalidad para poder, al final de su vida, desplegar sorpresivamente sus alas y elevarse hacia el Sol, seguro ya de cuál es su destino, pues ahora sabe que nació para volar.
En China tiene la misma interpretación: El escarabajo, dice el Tratado de la Flor de Oro, hace rodar su bola, de donde nace la vida. Las glosas taoístas hacen también de la actividad del escarabajo el ejemplo de la habilidad aparentemente inhábil, de la perfección aparentemente imperfecta de la que habla Lao Tse y que son los criterios de la Sabiduría.
En el Chilam Balam de los mayas, aparece como el lodo de la tierra, en el sentido material y moral, llamado a convertirse en la divinidad.
Escudo
La forma redonda del escudo está frecuentemente asociada a la rueda, símbolo del mundo en casi todas las tradiciones, como si el guerrero que lo portase opusiera el cosmos a su adversario. El que hace Hefaistos para Aquiles representa la Tierra, el Cielo y el Mar, y también el Sol, la Luna llena y todos los astros.
Lleva a veces una escena terrorífica que basta para derribar al adversario. Es el arma psicológica. Perseo, ayudado por Atenea, vence así a la Medusa, puliendo su broncíneo escudo hasta dejarlo como un espejo en el que se reflejaba la imagen del monstruo. La cabeza cortada de la Medusa es colocada por Atenea en su escudo a partir de entonces, para helar de espanto al que se atreva a atacarla.
Es el símbolo del arma pasiva, defensiva y protectora. Como la armadura o el manto, aísla y defiende al que lo porta. Es también, como la muralla, el símbolo de la frontera entre la persona que lo utiliza y el mundo que le circunda, o entre el portador y su adversario, ya que no se concibe fuera de un contexto de combate.
En el cristianismo, según San pablo, el escudo más eficaz que puede portar el hombre para el combate espiritual es su propia fe.
En la literatura irlandesa medieval toma acepciones metonímicas, tales como protector, garantía, guerrero, etc.
Es interesante resaltar, en relación con la idea de Paracelso de que lo semejante se cura con lo semejante, que los escudos de algunos héroes o santos, como San Miguel o San Jorge, suelen tener forma membranosa, similar a las alas del demonio o del dragón que vencen.
A la vez que protege y cubre, el escudo exhibe. Por esto ya, desde la antigüedad, fue el lugar donde el guerrero disponía el emblema que juzgaba serle característico y que, entre los siglos XI y XIII, se convirtió en blasón heráldico hereditario.
Esfera
Tiene el mismo simbolismo que el círculo, lo es en el orden de los volúmenes. Da el relieve, la tercera dimensión a las significaciones del círculo y corresponde mejor a la experiencia percibida. En arquitectura aparece en la forma del cuadrilátero coronado por la esfera; generalmente se reduce a la semiesfera o al cuarto de esfera.
En algunas figuras del arte cristiano se ve a un personaje coronado por una bóveda con los pies sobre un escabel rectangular: es el símbolo de Dios descendiendo de su trono celeste a la tierra. El paso de la esfera a las formas rectangulares simboliza también la encarnación. Inversamente, el paso del cuadrado al círculo simboliza el retorno de lo creado a lo increado.
En la tradición griega, especialmente en Parménides y en los textos órficos, dos esferas concéntricas representaban al mundo terreno y al otro mundo.
La cosmogonía expuesta por Platón en el Timeo representa el universo en forma de esfera, que capta en sí cuentas figuras hay.
Asimismo en El Banquete, antes de la división de los sexos, el hombre original es esférico; el andrógino original se concibe frecuentemente com esférico: perfección y totalidad. Según los profetas, de Dios emanan tres esferas que llenan los tres cielos: roja la del amor, azul la de la sabiduría y verde la de la creación.
La cosmogonía islámica recurre constantemente a la idea de esfera: los siete cielos se representan como siete tiendas superpuestas.
La noción de esfera y de movimiento orbicular domina siempre y expresa la perfección.
Esfinge
Es el guardián de los umbrales prohibidos y de las momias reales, escucha el canto de los planetas; vela el borde de las eternidades. Representarían un poderío soberano, despiadado con los rebeldes y protector de los buenos. Por ser felino es irresistible en el combate. Sus rasgos y su posición expresan la serenidad en la incertidumbre.
En Grecia había leonas aladas con cabeza de mujer, enigmáticas y crueles, símbolo de la femineidad pervertida. Planteaba enigmas a los caminantes y devoraba a quienes no sabían responderlos. Simbolizaría la intemperancia y la dominación perversa, secuelas destructoras del reinado de un rey perverso. No puede ser vencida sino por el intelecto.
En el curso de su evolución ha venido a simbolizar también lo ineluctable; hace surgir la idea del enigma. Representa el comienzo de un destino, que es a la vez misterio y necesidad.
Esmeralda
Es la piedra de luz verde, lo que le concede a la vez una significación esotérica y un poder regenerador.
En Mesoamérica está asociada a la lluvia, a la sangre y a todos los símbolos del ciclo lunar y constituye un testimonio de fertilidad. Los aztecas lo asociaban al quetzal, símbolo del renuevo primaveral. Ligada a la dirección este y a todo lo que se refiera al culto de Quetzalcoatl.
Este sentido benéfico se encuentra también en Europa; durante mucho tiempo se atribuyó a la esmeralda la virtud de acelerar el parto.
Para los alquimistas es la piedra de Hermes; teniendo la propiedad de traspasar las tinieblas, da su nombre a la Tabla Esmeraldina, atribuida a Apolonio de Tiana, que encerraba el secreto de la creación de todos los seres y la ciencia de la causa de todas las cosas. La tradición hermética dice también que una esmeralda se desprendió de la frente de Lucifer durante su caída.
En las tradiciones populares de la Edad Media se decía que, puesta sobre la lengua, permitía llamar a los malos espíritus y conversar con ellos. Se le reconocía poder de curación, sobre todo para las afecciones de la vista.
Piedra misteriosa y por tanto peligrosa para quien no la conoce, ha sido considerada en todo el mundo como el más poderoso de los talismanes. Salida de los infiernos, puede volverse contra las criaturas infernales porque conoce sus secretos.
En el Apocalipsis de San Juan Dios aparece con un arco iris alrededor que es como una visión de esmeralda.
El Grial está tallado en una enorme esmeralda.
Como piedra del conocimiento secreto tomó, como todo soporte de símbolo, un aspecto fasto y nefasto, bendito y maldito.
La tradición cristiana separó los valores uránicos y ctónicos, el Bien y el Mal, el azul del zafiro opuesto al verde de la esmeralda.
Es también la piedra del Papa. La Edad Media cristiana conservó ciertas creencias egipcias y etruscas según las cuales la esmeralda, puesta sobre la lengua, permite conversar con los malos espíritus. Es la piedra de la clarividencia.
En Roma es el atributo de Venus.
En la India confiere la inmortalidad.
Es expresión de la renovación periódica, y por tanto de la fuerza positiva de la tierra; vida manifestada de la evolución.
Espiral
Según afirma Mircea Eliade, el simbolismo de la espiral es bastante complejo y de origen incierto, pero se puede decir que, para la mayor parte de las tradiciones antiguas, las espirales son el símbolo de la creación y evolución de todo el Universo. Este podría describirse de forma esquemática como conjuntos espiralados que van generando los mundos y sus ciclos de nacimiento y muerte, de evolución o involución, según las distintas variantes en las múltiples combinaciones de la existencia. Los últimos descubrimientos confirman que unos 2/3 de todas las galaxias existentes ?incluida la nuestra? aparecen con esta forma geométrica de crecimiento partiendo de un punto central, e incluso las relacionan en su desarrollo con el número phi ?el llamado número de oro de los antiguos griegos? y sus enigmáticas series matemáticas.
En el sistema jeroglífico del Egipto antiguo, la espiral designaba las formas cósmicas en movimiento, la relación entre la unidad y la multiplicidad manifestadas. También los primeros habitantes de Europa las dejaron grabadas en cuevas y piedras: muchos menhires y dólmenes lucen espirales, atribuídas más tarde a la cultura celta debido a que ésta las solía utilizar para adornar sus utensilios y joyas rituales.
En la mitología griega se distinguía entre la espiral creadora o dextrógira, atributo de la diosa Atenea, y la destructora o levógira, torbellino hacia la izquierda atributo de Poseidón. Para este pueblo, el umbral entre el mundo de los hombres y el de los dioses estaba simbolizado por el monte Helicón, residencia de las musas y cuya cima estaba siempre envuelta en nubes, que representaban la frontera entre la Tierra y el Cielo. La subida simbólica por las laderas del Helicón se hacía rodeándolo con un movimiento en espiral, cuyo diámetro se iba reduciendo a medida que uno se acercaba a la cima. Esta ascensión espiralada que permitía llegar así, poco a poco, al punto más alto, significaba haber logrado conquistar el propio centro o síntesis, acceder a la unidad de lo divino en uno mismo (el entusiasmo de lo dionisíaco) desde la multiplicidad del mundo terrestre. A través de la práctica de las artes, sobre todo de la música (inspirada por Apolo, padre de las musas que allí habitaban) y la dialéctica (el método socrático para alcanzar el conocimiento de uno mismo), o sea, por el ejercicio de la voluntad que nos permite ir trabajando durante esta subida la intuición de lo divino y la razón puramente humana, uno se integraba al llegar a la cumbre con su propio Ser interno. Tras este simbólico ascenso y haciendo luego el camino inverso de descenso, el candidato volvía renacido y con nuevas fuerzas para integrarse en el mundo, siendo ahora un poco más sabio para poder transmitir sus experiencias a los demás.
Galaxias, tornados, conchas, desagües, semillas aladas en forma de hélice como la del arce ?que con su suave vuelo en espiral va polinizando las flores para generar nuevas plantas?, tallos espiralados para poder trepar enredándose en otros, capullos cuyas hojas están primorosamente plegadas en espiral ascendente como una promesa de perfección y belleza que alcanzará su plenitud en la flor Toda la Naturaleza parece estar en contínua obsesión por la forma espiralada. Siempre que en el Universo hay un movimiento de expansión o contracción, se produce una espiral, lo que nos recuerda la famosa frase de Pitágoras: Dios, cuando crea, geometriza.
Esvástica
La esvástica es uno de los símbolos más extendidos y más antiguos que existen en todo el mundo. Lo hallamos desde el Asia oriental a la América precolombina, pasando por Mongolia, la India, China, Tibet y Europa del Norte. Fue familiar a los celtas, a los etruscos y a los antiguos griegos: el conocido y tan utilizado ornamento de la greca deriva de ella. Algunos afirman que se remonta a los atlantes, lo cual es una manera de indicar su enorme antigüedad, en relación quizá con significaciones tradicionalmente primordiales desconocidas para la gran mayoría de la humanidad.
La esvástica es un símbolo muy rico, adoptado por numerosas civilizaciones. Simboliza, con sus ejes vertical y horizontal que forman la cruz, el movimiento rotatorio, el inicio de la manifestación, expresado por el ángulo que forman cada uno de los brazos doblados imprimiendo el impulso motriz que los hace girar. Es la fuerza que genera la espiral de la creación alrededor de un centro, siendo su simbolismo en este sentido similar al de la rueda, a la que a veces incluso reemplaza. Los brazos torcidos de la esvástica que, aunque unidos en el centro, no llevan a él y se pierden en la inmensidad indeterminada del espacio, simbolizan que el conocimiento de lo divino, de lo UNO, no puede alcanzarse más que por la vía trascendente del espíritu superando la materia.
El nombre de esvástica viene de la palabra sánscrita svasti, que significa bienestar, buen augurio. Es una forma de saludo para desear salud, prosperidad y éxito, que se utilizaba en la antigua India. En esta misma tradición, su origen se representa por los dos leños de madera que componían el arani, el ritual de la ceremonia de hacer nacer por frotación el fuego de Agni y uno de los nombres que se le daban a Aditi, la Madre del Mundo. Esta era una ceremonia mística de vastísima significación oculta y muy sagrada, en la que mediante un disco de madera con un hueco central simbolizando lo femenino, el oficiante producía el fuego por medio de la fricción con el pramantha, un palo que simbolizaba el vástago masculino generador.
En Grecia, la tetraskelion o esvástica de cuatro ramas en ángulo recto, se llama también cruz gamada o gammadion, porque se construye juntando cuatro letras gamma mayúsculas. En el simbolismo masónico, el centro de la esvástica representa la estrella polar, y las cuatro gammas que la constituyen simbolizan las cuatro posiciones cardinales de la Osa Mayor alrededor de ella.
Según R. Guénon, los dos sentidos de rotación de la esvástica hacia la derecha o hacia la izquierda, no tienen tanta importancia como a menudo se les ha querido dar. Al igual que la doble espiral que simboliza los dos sentidos del movimiento, los que nos llevan al nacimiento o a la muerte, es el yin y el yang de la energía cósmica. La esvástica dextrógira o levógira son la representación de la rotación del mundo vista desde uno u otro polo, expresando así el ritmo alternativo del movimiento de expansión y retracción, de manvántaras y pralayas.
El hecho de que la esvástica fuera utilizada por Hitler en 1920 como símbolo de la raza aria alemana, la ha identificado con los modernos movimientos nazis, poniendo de manifiesto una vez más las diferencias que existen entre las modas pasajeras y la durabilidad y permanencia de la verdadera tradición, que se sigue manteniendo a través de los tiempos.
Fénix
Según Herodoto y Plutarco es un ave migratoria, de origen etíope, dotada de una extraordinaria longevidad, y que tiene el poder, después de haberse consumido en una hoguera, de renacer de sus propias cenizas, por lo que su simbolismo aparece claro: resurrección e inmortalidad, resurgimiento cíclico.
En Egipto era un símbolo de las revoluciones solares, localizado a la ciudad de Heliópolis. Como Bennu, está asociado al ciclo cotidiano del sol y al anual de las crecidas del Nilo.
Para los árabes, solamente puede pararse sobre la montaña Qaf, que es el centro del mundo. Los taoístas le llaman el Ave de Cinabrio, por ser éste el sulfuro rojo de mercurio, su color. Emblemáticamente corresponde al sur, al verano, al fuego, al rojo. Es también sol, vida e inmortalidad, por ser la montura de los Inmortales.
El fénix chino es andrógino, macho y hembra, mientras que el fénix hembra es el emblema de la reina, en oposición al dragón imperial. Ambos en conjunto simbolizan la unión, de matrimonio feliz y llevan a los esposos al paraíso de los Inmortales.
Así como la idea de fénix no puede alcanzarse sino por el nombre que la designa, Dios no puede alcanzarse sino por medio de sus nombres y cualidades, de ahí que el fénix significa lo que escapa a la inteligencia y los pensamientos.
Es el fuego creador y destructor, origen y fin del mundo; es como un sustituto de Shiva y de Orfeo. Simboliza la resurrección del difunto después del peso del alma, si su confesión negativa ha sido considerada verídica
Para los griegos es también guía hacia el otro mundo, por eso la figura del Phoinix se encuentra en el mascarón de proa de numerosas barcas sagradas.
Flauta
Es la representación de la vida pastoril, invento de Pan para el solaz de los dioses, ninfas, hombres y animales. Pero también su sonido arrastra a la montaña a los hijos de sus solicitadores ingratos, mito que luego encontraremos en el cuento de El Flautista de Hamelin. La montaña es la reintegración al estado edénico, porque los niños no son culpables del mal que existe en el mundo.
Es la música celestial, la voz de los ángeles.
Como instrumento taoísta, la flauta de hierro que corta la raíz de las nubes y hiende los peñascos, lo que la relaciona con el rayo y la lluvia y la presenta como símbolo de la fecundación.
El ney de caña que tocan los derviches simboliza el alma separada de su manantial divino y que quiere regresar a él.
Para los sufíes la flauta y el nombre de Dios son una y la misma cosa. Si alguien carece de pureza no puede oír los secretos en la melodía de la flauta.
Flecha
Es símbolo de penetración, de apertura. El orificio que produce es una luz. Simboliza también el pensamiento, que introduce la luz y el órgano creador, que abre para fecundar. Es también el trazo de luz que ilumina el espacio cerrado, porque lo abre y el rayo solar, elemento fecundante y separador de las imágenes.
Es símbolo de los intercambios entre cielo y tierra. En sentido descendente es un atributo del poder divino, como el rayo punitivo o el rayo de la luz o de la lluvia fertilizante. En sentido ascendente se relaciona con los símbolos de la verticalidad; significa la rectitud que, desafiando la pesadez, se libera de las condiciones terrestres.
Es el símbolo universal de la superación de las condiciones normales, anticipación mental de la conquista de un bien que está fuera del alcance.
Sirve para simbolizar la ruptura de la ambivalencia, la proyección desdoblada, la objetivación, la elección, el tiempo orientado. Indica la dirección en la cual buscamos la identificación. Es un símbolo de la unificación, decisión y síntesis.
En los Upanishad es un símbolo de celeridad y de intuición fulgurante En la tradición europea la saeta, sagitta, tiene la misma raíz que el verbo sagire, percibir rápidamente. Es símbolo del saber rápido, y su doble es el relámpago que ilumina instantáneamente.
Vuela para sorprender y matar de lejos. Es invocada como una diosa, a fin de que proteja a unos y hiera a los otros.
Es símbolo del destino, de la muerte súbita y fulminante como a través de las flechas de Apolo. Alcanza un blanco determinado e indica un término, semejante a un rayo solar. Se emplea como elemento fecundante. Se alude al carcaj de los dioses y al arco de los centauros. Orígenes califica a Dios de Arquero.
En las tradiciones japonesas, la flecha asociada al arco simboliza al amor. Su apariencia fálica es evidente. En sentido místico evoca la búsqueda de la unión divina.
En cuanto figuras del destino, las flechas han sugerido las respuestas de Dios a las preguntas del hombre, quizá por ello, la adivinación por las flechas, o belomancia, era práctica corriente entre los árabes, basada en confiar a un azar aparente la revelación de la voluntad de la divinidad. Esta práctica terminó por conferir a las saetas designaciones cada vez más precisas. A las flechas primitivas que llevan las menciones sí, no, bien, mal, se añadieron otras con menciones más concretas y circunstanciales. La representación de la flecha es dinámica y ascensional. Tiene la seguridad de su trayectoria y la fuerza de su impacto, según el valor del arquero, que se proyecta en ella: la flecha de un dios no falla nunca su diana.
El amante, en cuanto a la simbología amorosa, ve y desea al mismo tiempo, y este sentimiento le hace emitir rayos continuos que van al objeto de su deseo, dice Ovidio, y todas las flechas alcanzan su diana; pero inflaman el amor si son de oro y lo extinguen si son de plomo.
Fresno
Entre los griegos es símbolo de solidez. El fresno, madera de la que se hacían las astas de las lanzas, designa la propia lanza.
En las tradiciones escandinavas es símbolo de inmortalidad y del nexo entre los tres planos del cosmos.
Para los pueblos germánicos, el fresno Yggdrasil es el árbol del mundo: el universo se despliega a la sombra de sus ramas, innumerables animales se cobijan allí, todos los seres derivan de él. De sus tres principales raíces, hunde una en la fuente de Urd , y de ella hace vivir al universo; otra en el Nilfheim, país de los hielos, para alcanzar la fuente Hvergelmir, origen de las aguas que corren en todos los ríos del mundo; la tercera en el país de los Gigantes donde canta Mimir, la fuente de la sabiduría. Los dioses germánicos se reúnen al pie de Yggdrasil para administrar justicia. Sirve de refugio a los que, escapados de los desastres, repoblarán la tierra. Es el símbolo de la perennidad de la vida.
Se cree que espanta a las serpientes. Plinio y Dioscórides señalan que una tisana de hojas de fresno mezclada en el vino tiene gran eficacia contra el poder del veneno.
En la Europa nórdica aparece como símbolo de la fecundidad; es por excelencia el árbol de la mujer.
Primer árbol de la creación, es el segundo por su utilidad, después del olivo.
Fuego
La mayor parte de los aspectos del simbolismo del fuego están resumidos en la doctrina hindú, que le confiere una importancia fundamental. Agni, Indra y Surya son los fuegos de los mundos terreno, intermedio y celeste, es decir el fuego ordinario, el rayo y el sol. Existen además el fuego de penetración o absorción, Vaishvarana, y el de destrucción, otro aspecto de Agni.
Según el Yi King el fuego corresponde al sur, al color rojo, al verano y al corazón. También a las pasiones, sobre todo al amor y la cólera. Su significación sobrenatural se extiende desde las almas errantes hasta el Espíritu divino.
Es el símbolo divino esencial del mazdeísmo. La custodia del fuego sagrado se extiende por todo el mundo antiguo.
La liturgia católica del fuego nuevo se celebra en la víspera pascual.. Existen las lenguas de fuego de pentecostés como imagen de la sabiduría.
Los taoístas entran en el fuego para librarse del condicionamiento humano, como lo hizo Elías en el carro de fuego. Evoca también el fuego que no quema del hermetismo occidental, purificación alquímica simbolizada por la salamandra.
Buda sustituye el fuego sacrificial del hinduísmo por el fuego interior, conocimiento penetrante, iluminación y destrucción de la envoltura.
El aspecto destructor del fuego comporta también un aspecto negativo y el dominio de este fuego es también una función diabólica. Un fuego que quema sin consumir, pero que excluye para siempre la regeneración.
En las tradiciones célticas los druidas encendían grandes fogatas, por las que hacían pasar el ganado para preservarlo de las epidemias, ceremonia característica de las culturas agrarias. En el Popol Vuh, los Héroes Gemelos, dioses del maíz, mueren en la pira encendida por sus enemigos para renacer luego encarnados en el brote verde del maíz.
En los ritos iniciáticos de muerte y renacimiento, se asocia a su principio antagonista, el agua. Para los aztecas, el fuego terrestre, ctónico, representa la fuerza profunda que permite la unión de los contrarios y la ascensión del agua a las nubes, es decir, la transformación del agua terrenal en celestial.
Ciertas cremaciones rituales tienen por origen la acepción del fuego como vehículo del mundo de los vivos al de los muertos.
Los Tronos, en la Biblia, son ardientes, e invocan la etimología de la palabra serafines para declarar que estas inteligencias superiores son incandescentes, y revela la manera en que las inteligencias celestes se conforman a Dios.
Gacela
Es símbolo de la velocidad. En la India está asociada a Vayu, que rige el elemento aire.
En la iconografía búdica evocan el primer sermón de Buda; se las representa generalmente arrodilladas al lado del trono o a uno y otro lado de la Rueda de la Ley.
En el mundo semita es símbolo de la belleza, especialmente la de sus ojos.
Orígenes ve en ella el símbolo de la agudeza visual, y por tanto el de la vida contemplativa. En la tradición mística cristiana es la agudeza y la rapidez.
En el psicoanálisis es el ideal espiritual.
Gallo
Es universalmente un símbolo solar, porque su canto anuncia la salida del sol.
En la India es el atributo de Skanda, que personifica la energía solar.
En la Japón, su canto, asociado al de los dioses, hizo salir de la caverna en que se escondía a Amaterasu, diosa del Sol, lo que corresponde a la manifestación de la luz.
La virtud de valor que los japoneses le atribuyen se haya también en los otros países del Extremo Oriente; el carácter que lo designa en chino, ki, es homófono del que significa favorable. Su apostura y su comportamiento lo hacen apto para simbolizar las 5 virtudes: las civiles, porque la cresta le da un aspecto de mandarín; las militares, por llevar espolones; el valor, por su comportamiento en el combate; la bondad, por su protección a las gallinas; la confianza, por la seguridad con que anuncia el alba.
Es eficaz contra las malas influencias de la noche, y las aleja de las casas si se pone su efigie sobre la puerta.
En el budism,o tibetano es un símbolo excepcionalmente nefasto: figura en el centro de la Rueda de la Existencia, asociado al puerco y a la serpiente, como uno de los tres venenos. Simboliza el deseo, el apego, la codicia.
En Europa se le toma como una imagen de la cólera, explosión de un deseo desmesurado y contrariado.
Según las tradiciones helénicas, el dios del gallo de los cretenses, Velchanos, se asimila a Zeus. Se encuentra al lado de Leto, encinta de Zeus, cuando da a luz a Apolo y Artemis. Está consagrado a los dioses solares y a las diosas lunares.
Es un símbolo particular de Apolo. Un gallo era ritualmente sacrificado a Asclepios, dios de la medicina e hijo de Apolo; va a anunciar el otro mundo y a conducir allí el alma del difunto. Asclepios es precisamente el dios que con sus medicinas habría operado resurrecciones sobre la tierra.
Por la misma razón es emblema de Atis, el dios solar, muerto y resucitado, entre las divinidades orientales. Este papel de psicopompo explica también que el gallo se atribuya a Hermes, el mensajero que recorre los tres niveles del cosmos.
Figura, con el perro y el caballo, entre los animales psicopompos sacrificados en los ritos funerarios de los antiguos germanos.
En las tradiciones nórdicas es un símbolo de vigilancia guerrera, sobre las ramas más altas del fresno Yggdrasil para prevenir a los dioses del ataque de los gigantes.
Sobre la flecha de una iglesia es el protector y guardián de la vida. Es un emblema de Cristo, como el águila y el cordero, luz y resurrección.
En el Libro de Job es el símbolo de la inteligencia venida de Dios, como el ibis.
El Talmud lo considera símbolo de urbanidad, porque introduce a su señor el Sol anunciándolo con su canto.
En el Islam goza de una veneración sin igual; el Profeta dice que el gallo blanco es su amigo, porque señala la presencia del ángel; prohibe maldecir al gallo que llama a la oración.
En el análisis de los sueños, la serpiente y el gallo se interpretan como símbolo del tiempo.
Gato
El simbolismo del gato es muy heterogéneo, oscilando entre las tendencias benéficas y maléficas.
En el Japón es un animal de mal augurio, capaz de matar a las mujeres y revestirse de su forma.
Gigante
Los gigantes fueron puestos en el mundo por Gaia, la Tierra, para vengar a los Titanes encerrados por Zeus en el Tártaro. Son seres ctónicos, que simbolizan el predominio de las fuerzas salidas de la Tierra por su gigantismo material y su indigencia espiritual. Son la trivialidad magnificada. Imagen de la desmesura en provecho de los instintos corporales y brutales.
No pueden ser vencidos sino bajo los golpes conjugados de un dios y un hombre. Todos los dioses adversarios de los gigantes, Atenea, Dionisos, Afrodita, Poseidón, dejan al ser humano el cometido de exterminar al monstruo.
La evolución de la vida hacia una espiritualidad creciente es el verdadero combate de los gigantes. Pero esta evidencia implica el esfuerzo propio del hombre.
El mito de los gigantes es una llamada al heroísmo humano.
Granada
Es un símbolo de fecundidad, de posteridad numerosa. En la Grecia clásica era un atributo de Hera y Afrodita, y en Roma el tocado de las novias se hacía con ramas de granado.
En Asia, la imagen de la granada abierta sirve para expresar deseos.
La mística cristiana traspone el simbolismo al plano espiritual; san Juan de la Cruz ve en los granos de la granada el símbolo de las perfecciones divinas incontables a lo que se añade la redondez del fruto como expresión de la eternidad divina, y la dulzura del jugo como la del gozo del alma que ama y conoce. Es también símbolo de la propia Iglesia.
En la Grecia antigua habría tenido un significado en relación con la culpa. Perséfone cuenta a su madre cómo fue seducida con un grano de granada, tan dulce, símbolo de los dulzores maléficos. Por otra parte, al probar el grano de granada rompe el ayuno que es ley de los infiernos.
Los hierofantes de Eleusis iban coronados de ramas de granado durante los grandes misterios, y la granada está rigurosamente prohibida a los no iniciados porque es el símbolo de la fecundidad y entraña el peligro de hacer caer a las almas en la carne.
Guerra
De una manera ideal la guerra tiene como fin la destrucción del mal, el restablecimiento de la paz, de la justicia, de la armonía, tanto en los planos cósmico y social como en el espiritual; es la manifestación defensiva de la vida.
Es la función de los chatryas, pero en el Bhagavad Gita dice que ni uno mata ni otro es matado; es el dominio de la acción, del karma yoga.
En el islam, el paso de la pequeña guerra santa a la gran guerra santa es el del equilibrio cósmico al equilibrio interior. El verdadero conquistador, el jina, es el de la paz del corazón. El mismo simbolismo puede hallarse en la acción de las órdenes Militares medievales, y más particularmente en los Templarios.
Los combates legendarios de las sociedades secretas chinas son combates de iniciados. En el sentido místico la guerra es el combate entre la luz y las tinieblas.
El budismo, aunque pacífico, utiliza mucho el simbolismo del guerrero: el guerrero brilla en su armadura, se dice del propio Buda en el Dhammapada.
El ardor guerrero se expresa simbólicamente por la cólera y el calor; el sacrificio ritual se asimila al rito de la guerra.
En los textos tradicionales cristianos se debe comprender también como guerra interior. La guerra santa es el combate que el hombre libra en sí mismo. Es el enfrentamiento entre las tinieblas y la luz.
Hacha
En la iconografía shivaíta aparece como símbolo de destrucción. También es símbolo de cólera.
En las civilizaciones mesopotámicas y egeas es instrumento de sacrificio, se grababa en los lugares santos y servía de emblema a los dioses.
Es análoga al rayo.
Para los mayas simboliza el rayo y la tormenta. Por toda Europa y desde Occidente a la China se encuentran hachas de piedra que se supone han sido talladas por el rayo.
Abre y penetra la tierra; figura su unión con el cielo, su fecundación.Es símbolo de penetración espiritual así como instrumento de liberación.
El hacha bipenne, de doble filo, no es solamente destructora, sino también productora. Son la muerte y la vida, energías contrarias pero complementarias.
Es uno de los símbolos chinos más antiguos. Aparece en los ritos de matrimonio. La portaba un heraldo, y con ella arrancaba las ramas de dos troncos obteniendo así los haces. Estos haces ligados se presentaban en las fiestas de la boda.
El pseudo Dionisio Areopagita escribe: las lanzas y hachas expresan la facultad de discernir a los contrarios, y la vivacidad, sagacidad y potencia del discernimiento.
Es también símbolo de la diferenciación en Grecia: Atenea sale del cerebro de Zeus, abierto de un hachazo.
Para el psicólogo es signo de la intervención del medio social sobre la conciencia individual, reflexiva; intervención exterior necesaria para la creación individual.
El hacha de piedra es la primera arma utensilio del hombre.
Halcón
En Egipto simboliza el principio celeste. Encarna entre otras divinidades y por excelencia a Horus, dios de los espacios aéreos, cuyos ojos son el sol y la luna.
Es igualmente un atributo del dios Ra, símbolo del sol naciente.
Entre los incas del Perú es emblema y símbolo solar. Todos los incas, a partir de Manco Capac, tenían un hermano espiritual, representado en forma de halcón, que llamaban Inti, el sol.
Se representa a veces en la Edad Media despedazando liebres. Si éstas simbolizan la lascivia, según algunas interpretaciones, el halcón significaría en este caso la victoria sobre la concupiscencia.
Su tipo simbólico es siempre solar, uránico, macho y diurno; es un símbolo ascensional, en todos los planos: físico, intelectual y moral.
Se representa a veces encapuchado. Simboliza entonces la esperanza de la luz que alimenta al que vive en las tinieblas; es la imagen de los prisioneros, del fervor espiritual obstruido, de la ocultación de la verdad.
Héroe
Hijo de la unión de un dios o una diosa con un ser humano, simboliza la unión de las fuerzas celestes y terrenas.
No goza de la inmortalidad divina, pero puede alcanzarla , como Pólux y Heracles. También pueden surgir de su tumba y defender contra el enemigo la ciudad que se ha amparado bajo su protección.
El prototipo de héroe griego inmortalizado es Heracles.
Entre los egipcios el culto al héroe es extremadamente raro. Sin embargo algunos visires, y el gran arquitecto Imhotep, recibieron después de su muerte honores divinos.
El prototipo del héroe celta es el irlandés Cúchulainn, que desde muy pequeño llevó a cabo hazañas extraordinarias. Hijo del dios Lug, es concebido en el plano terreno por el rey Conchobar y su hermana Dechtire. Representa con toda su pureza la esencia de la función guerrera a base de valor personal, astucia y tretas .
Lo propio del héroe es estar dotado de una fuerza física poco común, una destreza extraordinaria en el manejo de todas las armas y un valor a toda prueba. A veces la inteligencia le es otorgada por añadidura.
El héroe no tiene derecho al sacerdocio ni a la realeza. Representa la fuerza pura que tiene necesidad de ser dirigida por la autoridad espiritual.
Simboliza el impulso evolutivo, la situación conflictiva de la psique humana. También se adorna con los atributos del sol, cuya luz y calor triunfan sobre las tinieblas y el frío de la muerte.
En el plano espiritual es el motor de la actividad creadora.
Jung, en los símbolos de la libido, identificará al héroe con la potencia del espíritu. La primera victoria del héroe es la que obtiene sobre sí mismo.
Hierro
Se toma como símbolo de robustez, de dureza, de obstinación, de rigor excesivo, de inflexibilidad.
Tanto en la tradición bíblica como en la China antigua se opone al cobre o al bronce, como el metal vulgar al metal noble. La edad de hierro es la edad dura, el resultado de la solidificación cíclica.
El hierro ha tenido un valor sagrado entre numerosos pueblos, ya sea que, como de origen meteórico, se haya considerado como caído del cielo, o que de origen terrestre confirme los datos de la embriología tradicional. Pero el simbolismo del hierro es ambivalente: protege contra las malas influencias, pero es también su instrumento; es el agente del principio activo que modifica la sustancia inerte, pero es también el instrumento satánico de la guerra y de la muerte.
En la India, el trabajo del hierro es de naturaleza asúrica, es decir, reservado a las divinidades secundarias.
En Egipto se identificaba con los huesos de Seth, divinidad esencialmente tenebrosa.
Da el poder y la eficacia al chamán.
Se considera símbolo de la fertilidad y protector de las cosechas.
Hesíodo describe la quinta raza según la sucesión de los tiempos, la raza de hierro: los de este linaje no cesarán de sufrir toda suerte de fatigas y miserias, ni de ser consumidos por las duras angustias que recibirán de los dioses. La hora vendrá en que Zeus aniquile a esta raza de hombres deleznables.
La raza de hierro simboliza el reino de la materialidad, de la regresión hacia la fuerza brutal de la inconsciencia.
De origen ctónico e infernal, el hierro es un metal que no debe ser puesto en relación con la vida. Según Platón los hombres de la Atlántida cazaban con dardos de madera y con redes. De la misma manera los druídas cortaban el muérdago sagrado con una hoz de oro.
El hierro simboliza una fuerza dura, impura y diabólica.
Hilo
El simbolismo del hilo es esencialmente el del agente que liga entre ellos y a su principio todos los estados de existencia. Este simbolismo se expresa sobre todo en los Upanishad, donde el hilo religa este mundo y al otro y a todos los seres. El hilo es a la vez atma y prana. La vinculación al centro principal precisa que el hilo sea rastreado en todo. Esto evoca el simbolismo del hilo de Ariadna, que es el agente de vinculación con el centro del laberinto y que conduce del mundo de las tinieblas al de la luz.
En el plano cósmico, hay que distinguir entre el hilo de urdimbre y el de trama; la urdimbre liga los mundos y los estados entre sí; la trama representa el desarrollo condicionado y temporal de cada uno de ellos. El desarrollo del hilo de la trama está simbolizado por las Parcas, que hilan el tiempo o el destino.
En el ámbito taoísta está asociado al vaivén de la lanzadera sobre el telar; estado de vida, de muerte, expansión y reabsorción de la manifestación. En el Rig Veda simboliza el ritmo vital, su alternancia indefinida.
El sentido de hilo se aplica a la palabra sutra, que designa los textos búdicos. La palabra tantra deriva igualmente de la noción de hilo y tejeduría, interdependencia de las cosas, de las causas y de los efectos, continuidad tradicional.
En la cuenca mediterránea, hilar y tejer significan para la mujer el asociarse a la obra creadora.
Huevo
El huevo, considerando que contiene el germen a partir del cual se desarrolla la manifestación, es un símbolo universal y que se explica por sí solo. El nacimiento del mundo a partir de un huevo es una idea común a casi todas las antiguas civilizaciones.
El hombre primordial también nace de un huevo: así Prajapati. A menudo el huevo cósmico, nacido de las aguas primordiales, se separa en dos mitades para dar nacimiento al cielo y la tierra: es la polarización del andrógino. Así el Brahmanda hindú o los Dióscuros.
El huevo es una realidad primordial que contiene en germen la multiplicidad de los seres. Para los egipcios emergen por la acción de un Demiurgo, del Nun, personificación del océano primordial; un dios surgirá que organizará el caos, dando nacimiento a los seres diferenciados. El dios Khnum salido de este océano y del huevo primordial fabricará a su vez los huevos o gérmenes de vida. El Egipto antiguo tenía diversas cosmogonías: según la de Hermópolis, el huevo principal es Qerehet, patrona de las fuerzas vitales de la especie humana.
En la India, según el Upanishad, el huevo nace del no ser y engendra los elementos: dos fragmentos de la cáscara, uno de plata y otro de oro, engendran el cielo y la tierra. De la membrana externa surgen las montañas, de la interna las nubes, de las venas los ríos y del agua de la vejiga el océano.
Según la doctrina tibetana, el huevo es origen de una larga genealogía de ancestros. En las tradiciones chinas, antes de toda distinción entre el cielo y la tierra, el propio caos tiene la apariencia de un huevo de gallina. Al cabo de 18.000 años, número que simboliza lo indefinido, el huevo se abre: los elementos pesados forman la tierra, yin y los ligeros el cielo, yang. En el templo inca del Coricancha se encuentra como principal ornamento una placa de oro de forma oval, flanqueada por el sol y la luna, representación del supremo Wiracocha.
El huevo es a menudo una representación del poder creador de la luz.
Confirma y promete la resurrección como retorno. En las tumbas de Beocia se han descubierto estatuas de Dionisos con un huevo en la mano. Las reglas órficas prohibían comerlos; se ofrecen a los muertos como alimento prenda del renacimiento.
También participa del simbolismo de los valores de reposo, como la casa, el nido, la concha o el seno de la madre.
Es la idea del germen de la vida espiritual, a que se refiere la tradición alquímica del huevo filosófico, vaso hermético que contiene el compost propio del mantillo terrestre de la obra.
Infierno
Hades es entre los griegos el dios de los muertos. Recibió por sobrenombre el de Plutón, el rico, para designar las riquezas subterráneas de la tierra, entre las cuales se encuentra el imperio de los muertos.
El hades ha pasado a ser el símbolo de los infiernos, lugar invisible, sin salida salvo para la reencarnación, perdido en las tinieblas y el frío, frecuentado por monstruos y demonios. El infierno es el estado de la psique que ha sucumbido en su lucha, sea que haya tratado de rechazarlos al inconsciente o que haya aceptado identificarse con ellos por una perversión consciente.
En la cosmogonía azteca los infiernos están situados en el norte, país de la noche, llamado el país de las nueve llanuras o de los nueva infiernos. Todos los humanos, a excepción de los héroes, los guerreros muertos en combate o sacrificados, las mujeres muertas de parto y los niños nacidos muertos, vienen de los infiernos y vuelven a ellos ocho veces hasta que en la novena vez se hunden en la nada.
El dios de los infiernos es el quinto de los nueve Señores de la Noche; lleva sobre su espalda un sol negro y sus animales son la araña y la lechuza.
En la tradición cristiana la pareja luz tinieblas simboliza los dos opuestos, cielo e infierno. El infierno es la privación de Dios y de la vida.
Jade
Símbolo del yang, está dotado de cualidades solares, imperiales, indestructibles. De ahí viene su importante papel en la China arcaica. En el orden social encarna la soberanía y el poder; procura la regeneración del cuerpo; asegura la inmortalidad; desempeña un importante papel en las prácticas funerarias.
Se distingue generalmente entre jadeítas y nefritas; el matiz es impreciso en el término chino yu, cuyas definiciones antiguas se refieren únicamente a la belleza de la piedra. Es emblema de la perfección y de las cinco virtudes transcendentes: benevolencia, transparencia, sonoridad, inmutabilidad y pureza; y de la mayor parte de las virtudes morales. Los oficiales de la corte llevaban jades en el cinturón, cuya sonoridad estaba exactamente fijada: su sonido los mantenía en la vía recta. Es el eco de la que regula la armonía entre el cielo y la tierra. En forma de disco con un orificio central, representa el cielo. Por eso el sello imperial es un jade, es el símbolo de la función real.
Se forma en la tierra por efecto del rayo; esta fecundación cósmica es también imagen de la formación del Embrión del Inmortal para la alquimia interna.
Los alquimistas dicen que el jade se forma en la matriz terrena por maduración lenta de un embrión de piedra, lo cual lo identifica con el oro. No se distingue de la piedra filosofal y es un símbolo de la inmortalidad.
En la moradas de los Inmortales, como elixir de larga vida, se consume en polvo, mezclado con rocío. Situado en la tumba permite al muerto renacer. Insertado en las estatuas votivas les da vida.
Tres piezas de jade agujereadas y unidas por un hilo son la imagen exacta del altar védico primitivo. En América Central simboliza el alma, el espíritu, el corazón o el núcleo de un ser. Se observa en Méjico la costumbre de colocar una piedra de jade en la boca de los difuntos.
En el antiguo Méjico era un símbolo de la lluvia y de la vegetación que brota. Los sacerdotes ofrendaban al dios de la lluvia agua con partículas de jade, símbolo de la lluvia fecundante. Para los mayas, por extensión, se convierte en símbolo de la sangre y del año nuevo.
Laberinto
Originalmente es el palacio cretense de Minos donde está encerrado el Minotauro y de donde Teseo no puede salir sino con ayuda del hilo de Ariadna. Es sobre todo un cruce de caminos; algunos de ellos no tienen salida. La esencia misma del laberinto es circunscribir en el espacio más pequeño posible el enredo más complejo de senderos y retrasar así la llegada del viajero al centro que desea alcanzar.
Este trazado complejo se halla en los corredores de acceso a ciertas grutas prehistóricas; está dibujado en la puerta del antro de la Sibila de Cumas; se conocía en Egipto. Su asociación con la caverna muestra que debe permitir a la vez el acceso al centro por una especie de viaje iniciático, y prohibirlo a quienes no están cualificados.
Los laberintos grabados sobre el suelo de las iglesias eran la firma de gremios y cofradías de constructores y sustituían el viaje a Tierra Santa. A veces hallamos en su centro el Templo de Jerusalén y el creyente que no podía cumplir el peregrinaje real recorría imaginativamente el laberinto hasta llegar al centro.
Ha sido utilizado como sistema de defensa en las puertas de las ciudades fortificadas, no sólo contra el adversario humano, sino contra las influencias maléficas.
La danza de Teseo se refiere a la andadura laberíntica, y existe también en la China. Anuncia la presencia de algo precioso y sagrado. No permite el acceso más que a quienes conocen los planos. Tiene la función religiosa de defender contra los asaltos del mal, de aquel que está presto a violar lo secreto. El centro está reservado al iniciado: introducido en los arcanos, está vinculado al secreto.
Puede tener también significación solar, por ser el palacio de la doble hacha, emblema de la realeza, es decir, del rayo arcaico de Zeus Minos. El toro encerrado en el laberinto es también solar, es el poderío regio, el dominio de Minos sobre su pueblo.
En la tradición cabalística ocupa una función mágica que sería uno de los secretos atribuidos a Salomón. Por eso el laberinto de las catedrales se llama Laberinto de Salomón. A ojos de los alquimistas es una imagen del trabajo total de la Obra, con sus principales dificultades. Semejante interpretación se uniría a la de una doctrina ascético mística: concentrarse en sí mismo a través de los mil caminos de las sensaciones, suprimiendo todo obstáculo a la intuición pura y volver a la luz sin dejarse coger en los vericuetos de los caminos. La ida y venida de los laberintos sería el símbolo de la muerte y resurrección espirituales.
Conduce hacia una suerte de santuario interior, donde reside lo más misterioso de la persona. Puede verse como la combinación de dos elementos: la espiral y la trenza, y en tal caso expresa el perpetuo devenir de la espiral sin término y el perpetuo retorno figurado por la trenza.
Lámpara
El simbolismo de la lámpara está ligado al de la emanación de la luz. El soporte de la luz y la luz son la manifestación de la lámpara. De ahí esa unidad entre una y otra, que se asemeja a la de la concentración y la sabiduría. La lámpara del método, dicen los tibetanos, permite descubrir la sabiduría. La luz, dice el esoterismo ismaelita, manifiesta la lámpara: ésta es a la vez Dios y Luz.
La transmisión de la llama de la lámpara es símbolo de la transmisión de la doctrina. En el budismo es símbolo de la transmisión de la vida, de la cadena de los renacimientos. El nirvana es la extinción de la lámpara. El yogui que alcanza la concentración de espíritu se asimila en el Bhagavad Gita a la llama inmóvil resguardada del viento. También en Occidente la lámpara se toma como símbolo de santidad y vida contemplativa.
Es un objeto ritual frecuente: en Occidente es símbolo de la presencia real de Dios; en las pagodas búdicas aparece en la cima como faro del Dharma; en el taoísmo antiguo se usa para llamar a los espíritus; recuerda la influencia celeste e ilumina a los fieles.
Su balanceo evoca el rechazo de los pensamientos del mundo profano.
Es una representación del hombre; como él, tiene cuerpo de arcilla, alma vegetativa o principio de vida, que es el aceite, y espíritu, que es la llama. Ofrecerla en un santuario es ofrecerse a sí mismo.
Frente a los santos cristianos es el sacrificio, el amor y la presencia.
Laurel
Está relacionado con el simbolismo de la inmortalidad. Entre sus propiedades, protege contra el rayo.
Arbusto consagrado a Apolo, simboliza la inmortalidad conseguida por la victoria, por lo cual con sus ramas y hojas sirven se confeccionan las coronas que honran a los héroes, a los genios y a los sabios. En su condición de árbol apolíneo, significaba también las condiciones espirituales de la victoria, la sabiduría unida al heroísmo.
En Grecia, antes de profetizar, la Pitia y los adivinos mascaban o quemaban hojas de laurel, pues se estimaba que, al estar consagrado a Apolo, poseía cualidades adivinatorias.
En China se dice que la Luna contiene un laurel y un Inmortal: al pie del laurel, la Liebre de la Luna tritura los elementos de los que extrae el elixir de la inmortalidad.
León
Es símbolo de poderío y de soberanía, del sol, del oro y la fuerza penetrante de la luz y el Verbo.
Krishna es el león entre los animales, Buda es el león de los Shakya, Cristo es el león de Judá. El león sirve de trono a Buda. Es la potencia de la Shakti, la energía divina. Es la forma del avatara Nara simha, la fuerza y el valor, el destructor del mal y la ignorancia. Como poder del Dharma, corresponde a Vairochana y a Manjushri, el portador del conocimiento. Cuando enseña el Dharma, la voz de Buda es el rugido del león, así se revela la potencia de la ley.
Símbolo del poder, lo es también de la justicia: como los leones del trono de Salomón, de los reyes de Francia y de los obispos medievales. Es también el símbolo de Cristo como Juez y emblema del evangelista san Marcos. El león de Judá se refiere a la persona de Cristo; en la iconografía medieval, la cabeza y la parte anterior corresponden a la naturaleza divina de Cristo.
Entraña un aspecto negativo: san Juan de la Cruz dice que es la impetuosidad del apetito irascible, la fuerza instintiva e incontrolada. Ese doble aspecto, luminoso y oscuro, explica que el león sea a la vez símbolo de Cristo y del Anticristo.
En Extremo Oriente tiene profundas afinidades con el dragón. Desempeña un papel de protector contra las fuerzas malignas.
En la iconografía hindú la leona es un animal solar y una representación del Verbo. Traduce el aspecto terrible de Maya, el poder de la manifestación.
En Egipto los leones, animales solares, se representan frecuentemente por parejas, que contemplan uno el Este, otro el Oeste, el curso del Sol, el ayer y el mañana. De modo general simbolizan el rejuvenecimiento del vigor que asegura la alternancia de la noche y el día, del esfuerzo y el reposo.
Llega a simbolizar no solamente el retorno del Sol y el rejuvenecimiento, sino los propios renacimientos. El Caballero del León de los relatos artúricos es casi el único testimonio que se tiene de la presencia del león en el repertorio simbólico celta.
Entre los musulmanes, Alí, el yerno de Mahoma, es el León de Alá. Dionisio Areopagita explica que la teología da a ciertos ángeles aspecto de león: su forma da a entender la autoridad y la fuerza invencible de las santas inteligencias. Remite al Apocalipsis, donde el primero de los cuatro seres vivos llenos de ojos por delante y por detrás, que rodean el trono celestial, se describe con apariencia de león.
Lobo
El simbolismo del lobo entraña dos aspectos: uno feroz y maléfico y otro benéfico. Es símbolo de la luz entre nórdicos y griegos, porque es capaz de ver en medio de la noche.
En China se conocía un lobo celeste, la estrella Sirius, que es el guardián del palacio celestial, la Osa Mayor. El carácter polar se encuentra en la atribución del lobo al norte. En ciertas regiones del Japón lo invocan como protector contra los demás animales salvajes. Evoca una idea de fuerza mal contenida, gastándose con furor pero sin discernimiento.
Es un obstáculo en la ruta del peregrino árabe, y en el Dante toma las dimensiones de la Bestia del Apocalipsis.
La iconografía hindú lo ve como animal de mal augurio.
La voracidad del animal se expresa por la relación del lobo con el pecado y de la loba con el deseo sensual..
En la Grecia antigua es una de las formas dadas a Zeus Lykaios.
En la mitología escandinava, la boca del lobo es un símbolo de reintegración cíclica, es la noche, la caverna de los infiernos, la fase del pralaya cósmico.
Su fuerza y ardor en el combate hacen del lobo una alegoría guerrera para numerosos pueblos.
Al lobo azul celeste, creador de las dinastías mongolas y chinas, se opone la loba de Rómulo y Remo, terrena y ctónica, asociada a la idea de fecundidad.
El lobo desempeña también el papel de psicopompo. En cuanto divinidad infernal existe ya en la mitología grecolatina : es nodriza de Aqueronte; de un manto de piel de lobo se reviste Hades; las orejas del dios de la muerte de los etruscos son de lobo.
En la tradición nórdica, los lobos simbolizan la muerte cósmica: son devoradores de astros, lo cual evoca el jaguar ctónico de los centroamericanos. El lobo Fenrir es uno de los enemigos más implacables de los dioses.
Entre los egipcios, Anubis, el gran sacerdote que oficia los ritos funerarios, es llamado Impu, el que tiene forma de perro salvaje.
En la imaginería centroeuropea de la Edad Media, es la forma que revisten más frecuentemente los brujos para las reuniones de Sabbat. En España es la montura del brujo. La creencia en los licántropos está atestiguada desde la antigüedad; Virgilio ya lo menciona. Es uno de los aspectos que revisten los espíritus de los bosques.
Es esencialmente el que lleva a la boca de los infiernos, que se abre de par en par en el horizonte de la tierra.
Loto
En el Asia Oriental presenta numerosos aspectos, pero los principales resultan de la particularidad de esta flor que se abre en la superficie de las aguas estancadas. Es símbolo de pureza, ya que surgiendo de las aguas estancadas no está manchada por ellas.
Surgiendo de la oscuridad, se abre a plena luz: es el símbolo de la plenitud espiritual. Figura la manifestación, que irrumpe en la superficie como el huevo del mundo. El botón cerrado es la realización de las posibilidades contenidas en el germen inicial.
También es el símbolo de la energía cósmica, pues tiene ocho pétalos, como las ocho direcciones del espacio. En este sentido se utiliza en el trazado de muchos mandalas y yantras. La iconografía hindú representa a Vishnú durmiendo en la superficie del océano causal, a menudo figurado por lotos. Del ombligo de Vishnú emerge un loto cuya corola abierta contiene a Brahma.
Desde el punto de vista budista, es la naturaleza de Buda, no afectada por el entorno del samsara. La joya en el loto, mani padme, es el universo, receptáculo del dharma, desde donde emerge el nirvana. El Buda en el centro del loto expresa su función de Chakravarti. En otras circunstancias el centro del loto está ocupado por el monte Meru, eje del mundo. El loto de mil pétalos significa la totalidad de la revelación.
La literatura japonesa utiliza el loto como imagen de la moralidad.
En Egipto simboliza el nacimiento y los renacimientos. Es el primer nacido de las aguas primordiales. El loto azul se consideraba el más sagrado.
Luna
El simbolismo de la luna se expresa en correlación con el del sol. Sus caracteres fundamentales derivan de que no tiene luz propia y la suya es reflejo de la del sol, y de que atraviesa fases diferentes y cambia de forma; por eso simboliza la dependencia y el principio femenino así como la periodicidad y la renovación.
Es símbolo de los ciclos biológicos: crece, decrece y desaparece, es el devenir, el nacimiento y la muerte.El mismo simbolismo vincula entre sí la luna, las aguas, la lluvia, la fecundidad, el destino después de la muerte y las ceremonias de iniciación.
Es el símbolo del pasaje de la muerte a la vida y de la vida a la muerte, y a veces es el lugar de este pasaje, como los lugares subterráneos; por eso muchas divinidades lunares son a la vez ctónicas y funerarias.
Simboliza el conocimiento indirecto, discursivo, frío. Al ser su luz sólo reflejo de la del sol, la luna es símbolo del conocimiento por reflejo, teórico, conceptual, racional. Por ello se relaciona con el simbolismo de la lechuza. Es yin, pasiva, receptiva.
Produce la lluvia; es fuente y símbolo de fecundidad. Se asimila a las aguas primordiales, por lo que es receptáculo de los gérmenes del renacimiento cíclico, la copa que contiene el licor de la inmortalidad.
Los chinos ven en ella la liebre que tritura los ingredientes que sirven para preparar el licor de la vida, el soma. En el hinduísmo la esfera de la luna es el término de la vida de los ancestros; las formas adquiridas se disuelven en ella y de ella emanan las nuevas.
Entre los mayas, Ixchel, la diosa de la luna, es la compañera del dios solar Kinich Ahau, pero también su aspecto hostil y malvado. Tiene sus mismos rasgos, pero lleva sobre la frente una corona de serpientes.
Entre los aztecas se encuentra a los dioses de la embriaguez entre las divinidades lunares, debido al sueño que produce; estos dioses son llamados los 400 conejos. La luna es hija de Tlaloc, dios de la lluvia, y se la suele representar con una especie de recipiente lleno de agua, en forma de media luna, sobre el cual destaca la silueta de un conejo.
Entre los incas era una divinidad femenina, esposa hermana del sol, con quien engendra las estrellas, siendo ambos hijos del dios supremo Viracocha.
En la tradición judía, la luna simboliza al pueblo de los hebreos: así como la luna cambia de aspecto, el hebreo nómada modifica continuamente sus itinerarios. Los cabalistas comparan la luna, que se oculta y se manifiesta, con la hija del rey, que aparece y se oculta y alterna las fases visibles con las invisibles.
La luna se menciona muy frecuentemente en el Corán. Es uno de los signos del poder de Alá. El Islam utiliza un calendario lunar para los actos canónicos. Las fases de luna y medialuna evocan la muerte y la resurrección.
En astrología simboliza el principio pasivo pero fecundo, la humedad, lo subconsciente, la imaginación, el psiquismo, el sueño, la receptividad, la mujer y todo lo inestable y transitorio y sujeto a influencia , por analogía con su papel de reflector de la luz solar.
Los hebreos relacionan el zodíaco lunar con las manos de Adam Kadmón, el hombre universal.
La diestra está en relación con la luna creciente y la siniestra con la menguante.
Para Plutarco, la luna es la morada de los hombres buenos después de su muerte, en espera de una siguiente encarnación.
Luz
La luz se pone en relación con la oscuridad, para simbolizar valores complementarios o alternantes de una evolución. Es el conocimiento, que sintetiza las luces del sol y de la luna. Para los budistas chinos tiene también el sentido de la iluminación. En el Islam es el espíritu.
La radiación de la luz a partir de un punto primordial engendra la extensión para la Cábala.
La interpretación simbólica del Fiat Lux del Génesis es también iluminación, ordenación del caos por vibración. La luz primordial se identifica con el Verbo.
La luz sucede a las tinieblas, tanto en el orden de la iluminación cósmica como en el de la iluminación interior. Esta sucesión es advertida, tanto por San Pablo como en el Corán, el Rig Veda, los textos taoístas y budistas y la gnosis ismaelita. En todos, la operación cosmogónica es una separación de la sombra y la luz originalmente confundidas. Más allá de la luz están las tinieblas, la esencia divina que no es cognoscible por la razón humana.
Aunque la luz del sol es la expresión de la potencia celeste, no aparece como algo inmutable.
Podría desaparecer y la vida desaparecería con ella. Con esta idea, el culto a la luz celeste ha dado lugar a verdaderas civilizaciones del miedo, que coinciden con el florecimiento del ciclo agrario. Pero si la luz del sol muere cada tarde, renace cada mañana, y el hombre toma esperanza y confianza en la perennidad de la vida. La luz del cielo es la salvación del hombre, por eso los egipcios hacían coser sobre su mortaja un amuleto que simboliza el sol.
La luz es amor: en los primeros siglos de la Iglesia al bautismo se le llamaba iluminación.
El Antiguo Testamento se distingue de las religiones vecinas porque rehúsa toda especulación sobre un Dios solar, lunar o estelar, opuesto a una potencia tenebrosa. Por eso se habla del día y de la luz, creaciones de Dios. El mismo Dios es la Luz. Cristo dice de Sí mismo: Yo soy la luz del mundo. Los discípulos también deben serlo, convirtiéndose en reflejo de la luz de Cristo.
En Egipto, el dios Seth simboliza la luz de las tinieblas, maléfica y temible, mientras que Anubis es la luz vivificante y favorable.
Mar
Símbolo de la dinámica de la vida, pues todo sale del mar y todo vuelve a él: lugar de los nacimientos, de las transformaciones y de los renacimientos. Como aguas en movimiento, simboliza un estado transitorio entre los posibles y las realidades. Es a la vez imagen de la vida y de la muerte. Los antiguos griegos y romanos ofrecían al mar sacrificios de caballos y toros, símbolos también de fecundidad.
Es imagen del subconsciente, que es también fuente de corrientes que pueden ser mortales o vivificantes.
La Biblia se hace eco del simbolismo oriental de las aguas primordiales, temibles incluso para los dioses. Según las costumbres babilónicas, Tiamat, el mar, después de haber dado nacimiento a los dioses, había sido vencido y sometido por uno de ellos. A menudo, el mar es en la Biblia símbolo de la hostilidad de Dios: Ezequiel profetiza contra Tiro la subida de las aguas profundas.
Entre los místicos, el mar simboliza el mundo y el corazón humano en cuanto sede de las pasiones; para atravesar el mar es necesario un navío.
Mascara
El simbolismo de la máscara varía en Oriente según sus usos: sus tipos principales son la máscara de teatro, la carnavalesca y la funeraria., utilizada principalmente entre los egipcios.
La máscara de teatro, que es también la de las danzas sagradas, es una modalidad de la manifestación del yo universal. La personalidad del enmascarado no resulta modificada, lo cual significa que el yo es inmutable.
Es sobre todo en las máscaras carnavalescas donde el aspecto inferior, satánico, se manifiesta exclusivamente con miras a su expulsión, es decir, son liberadoras. La máscara opera una catarsis. No esconde, sino que revela tendencias inferiores que trata de poner en fuga. Es objeto de ceremonias rituales.
La máscara funeraria es el arquetipo inmutable al que el muerto se ha de reintegrar. La máscara destinada a fijar el alma errante se usó también en China antes que la tablilla funeraria. Las danzas en procesión enmascarada evocan los acontecimientos de los orígenes y la organización del mundo y de la sociedad.
De acuerdo con los símbolos, la ética se presenta como una réplica de la cosmogénesis. Las máscaras cumplen una función social: las ceremonias enmascaradas son cosmogonías en acto que regeneran el tiempo y el espacio; pero también son verdaderos espectáculos catárticos, en el curso de los cuales el hombre toma conciencia de su lugar en el universo.
Durante los ritos de iniciación, el iniciador enmascarado encarna al genio que instruye a los hombres. Las máscaras a veces se revisten de una potencia mágica: protegen a aquellos que las llevan contra los malhechores y los brujos.
Es también un instrumento de posesión: está destinada a captar la fuerza vital que se le escapa a un ser humano en el momento de su muerte.
Ocupa la función de agente que regula la circulación de las energías espirituales dispersas por el mundo. Les coloca trampas para evitar que vayan errabundas. Pretende dominar y controlar el mundo invisible.
Es como una preparación a los cambios místicos. Algunos etnólogos han relacionado la utilización de las máscaras con métodos prácticos de acceso a la vida mística.
Las tradiciones griegas, minoicas y micénicas, conocieron máscaras rituales de ceremonias y danzas sagradas, máscaras funerarias, votivas, de disfraz y de teatro. El actor que se cubre con la máscara se identifica por una apropiación mágica con el personaje representado.
Mono
Conocido por su agilidad, sus dotes de imitación y sus bufonadas, hay un aspecto desconcertante en la naturaleza del simio, que es el de la conciencia disipada.
En la simbología tibetana figura la conciencia, en el sentido peyorativo del término, pues la conciencia aplicada al mundo sensible salta de un objeto a otro. Asimismo los tibetanos lo consideran un bodhisattva: según el Si-keu-yi es el hijo del Cielo y de la Tierra. Es mago taoísta de gran envergadura.
La India nos muestra al Hanuman del Ramayana, en quien destacan la destreza, fantasía, agilidad y disipación. Hay unas relaciones tradicionales del mono con el viento.
En Egipto el cinocéfalo es la encarnación de Thot, la divinidad de la sabiduría. Con la forma de gran cinocéfalo blanco Thot es el patrón de los sabios y de los letrados, el escriba divino que anota las palabras de Ptah, el dios creador, como anota el veredicto de Anubis cuando éste pesa las almas de los muertos. Gobierna las horas y el calendario. Puesto que grita al despuntar el alba, se suponía que ayudaba al sol a levantarse cada mañana.
Entre los aztecas y mayas el simbolismo del mono es en cierto modo apolíneo. La pictografía maya muestra la asociación mono-sol: el sol se presenta frecuentemente bajo la forma de mono. Tiene igualmente un carácter sexual, pero en varios códices se presenta como un gemelo del dios de la muerte y de la medianoche.
En el Japón tiene fama de cazar a los malos espíritus, por eso se regala a los niños monos de juguete y se los dan a las mujeres embarazadas para facilitar el alumbramiento.
Como gran bandido y aventurero de buen humor ilustra el mito griego de los Cercopes, de donde viene el nombre de Cercopiteco; atacaron un día a Hércules dormido, pero éste los vence, los ata y se los carga a la espalda para ir a venderlos; pero ellos con sus gracias consiguen ponerlo de buen humor y los suelta. En la iconografía cristiana es a menudo la imagen del hombre degradado por sus vicios, en particular la lujuria y la malicia.
Es símbolo de las actividades peligrosas del inconsciente, que desencadenan fuerzas instintivas, no controladas y en consecuencia degradantes. En los sueños se los interpreta como una imagen de la indecencia, insolencia y vanidad. Es también un efecto de la irritación proveniente de la caricatura del yo, pero tiene un aspecto completamente diferente para los pueblos que lo ven como un animal libre, ágil y vivaz.
Monstruo
Simboliza al guardián de un tesoro, el conjunto de las dificultades que vencer, para acceder a ese tesoro material, biológico o espiritual. El monstruo está allí para provocar el esfuerzo, el heroísmo. Interviene en este sentido en numerosos ritos iniciáticos. En numerosos casos no es más que la imagen de ese yo que conviene vencer para desarrollar un yo superior.
Monta guardia a la puerta de los palacios, de los templos, de las tumbas. Son raros los espacios sagrados que no tengan a la entrada apostado un monstruo, sea dragón, boa, tigre o grifo. Todas las vías del conocimiento, de la salvación, de la inmortalidad están preservadas.
El monstruo pertenece también a la simbología de los ritos de paso: devora al hombre viejo para que nazca el hombre nuevo. El mundo que guarda es el mundo interior del espíritu. Por esta razón vemos en todas las civilizaciones imágenes de monstruos andrófagos y psicopompos.
En la tradición bíblica, simboliza las fuerzas irracionales: posee las características de lo informe, caótico, abisal. Aparece como desordenado, desmedido; evoca el período anterior a la creación del mundo. Ezequiel habla de sus cuatro aspectos como nubarrón, fuego, viento y punto cardinal. Es la tormenta con sus nubes, truenos y relámpagos, y se asocia a menudo con el agua del mundo subterráneo.
Es también símbolo de la resurrección, pues se traga al hombre a fin de provocar un nuevo nacimiento, como está ilustrado por el mito de Jonás tragado por la ballena y resurgiendo profundamente cambiado.
En la función psíquica simboliza la imaginación exaltada y errónea, fuente de desórdenes y desgracias, funcionamiento malsano de la fuerza vital. Revela un peligro interior: son las formas de un deseo pervertido.
Montaña
Símbolo cósmico
La montaña simboliza en todos los pueblos la proximidad con el mundo espiritual o divino, pues domina el mundo de los hombres y se eleva hasta el cielo. Es un punto de encuentro entre el cielo y la tierra, hace las veces del centro del mundo, tal como aparece reflejado en numerosas tradiciones.
Como punto de encuentro entre el cielo y la tierra, es morada de los dioses y meta final de la ascensión humana. La montaña es un símbolo cósmico y representa, a la vez, el centro y el eje del mundo. Vista desde lo alto, se percibe como el punto de una vertical en el centro del mundo. Vista desde abajo, es también el eje del mundo, pero en el sentido de una escala, de una pendiente que hay que subir.
Las peregrinaciones en dirección a las montañas sagradas simbolizan el despegue progresivo del hombre de la esfera cotidiana y su elevación espiritual. La ascensión de la montaña simboliza una elevación hacia el cielo, un medio para entrar en contacto con la divinidad, así como un retorno a los principios, al origen.
Los volcanes son considerados lugares particulares de paso misterioso hacia el mundo sobrenatural.
La montaña está unida al ombligo del mundo y, en este caso, evoca la fecundidad de la Madre Tierra.
La montaña encierra también la noción de estabilidad, de permanencia, y a veces incluso la de pureza. En la tradición china, la montaña se opone al agua tal como el yang al ying, como la inmutabilidad a la impermanencia de las cosas.
En ocasiones también es una imagen del cosmos entero; así, una montaña con terrazas, es concretamente representada por pirámides en escalera, como la de Borobudur en Java. Los ziggurats de Mesopotamia eran la expresión arquitectónica de las montañas divinas. Las pirámides escalonadas precolombinas simbolizaban también el universo, constituido por 9 mundos subterráneos y 13 cielos.
La montaña puede hacer referencia a la masa de materia primordial no diferenciada, en estado caótico, anterior a la manifestación actual, y aún al Huevo del Mundo. También se encuentra la noción de montaña-madre, madre de todas las montañas del mundo, unida a la noción de fecundidad y de fertilidad.
El simbolismo de la montaña en la historia de las religiones
Las montañas sagradas o aquellas en las que Dios se ha revelado a los hombres (los montes Fujiyama, Elbrouz, Sinaí, Tabor, Carmelo, Kailasa, Olimpo), son a menudo símbolos del poder divino y como tales son representadas en las artes plásticas. Son consideradas axiales. Las más conocidas en el mundo son el Monte Meru en la India, el Kuen Lun en China, el Fuji Yama en Japón, el Olimpo griego, el Potala tibetano, el monte Tabor en Palestina, la montaña de Kaf del Islam, la colina de Occidente de Tebas en Egipto.
Estas montañas son el asiento de los dioses.
En la Biblia, el Monte Sinaí es la montaña sagrada por excelencia porque Dios se le apareció allí a Moisés. Además, Moisés recibe las Tablas de la Ley en la cumbre de ese monte.
En la imagen del mundo de los chinos de tiempos antiguos, figuran cinco montañas sagradas, correspondientes a los cinco puntos cardinales y al centro. El monte Kuen Lun, de 9 pisos, era particularmente venerado. Los emperadores chinos hacían sus sacrificios en la cima de las montañas. Los Inmortales de la religión taoísta, se elevaban al cielo desde la cumbre de una montaña y los mensajes destinados al cielo se ofrecían en esa cumbre.
Las peregrinaciones a las montañas se organizan en el mundo entero. En Japón, casi 200.000 peregrinos escalan cada año el monte Fuji Yama o realizan sacrificios en uno de los innumerables santuarios shinto que se encuentran al pie de la montaña. La tradición islámica considera que el punto más alto de la tierra es la Kaaba de La Meca porque la estrella Polar se encuentre exactamente encima, en el centro del cielo.
En el Méjico precolombino, las montañas sobre las que se erigían los templos eran como montañas artificiales que unían el cielo y la tierra, perfectamente orientadas según los puntos cardinales.
Clave psicológica
La cima de la montaña simboliza las cualidades espirituales del alma, así como el destino del hombre, una vez unidos su propio cielo y su tierra. Esta es la meta de la evolución humana, una vez el hombre llega a la cima de su desarrollo.
Esta es la idea que se encuentra en la palabra Acrópolis, que designa la ciudad alta, el lugar donde están construidos los templos o moradas del espíritu, ascensión a la cual está destinado cada ser humano a lo largo de su vida.
Construir la propia morada interior es conciliar los principios opuestos que luchan dentro de uno, es llegar a lo que el historiador de las religiones Mircea Eliade llama la coincidencia de los opuestos, saber hacer de los principios opuestos (como el fuego y el agua, el blanco y el negro, la vida y la muerte), realidades complementarias con el fin de obtener la unión suprema consigo mismo, con los demás y con el universo.
Símbolos asociados son la gruta, el ombligo, la torre, la pirámide, la acrópolis.
Muérdago
Los galos lo llaman con un nombre que significa el que lo cura todo: uileiceadh.. Es símbolo de la inmortalidad y de la regeneración física.
El muérdago de roble o de encina es muy raro y difícil de encontrar y eso explica en parte el uso que los druidas galos hacían de él. Cuando se lo encuentra, se lo recoge en una gran ceremonia religiosa el sexto día de la luna. Vestido con un ropaje blanco, el sacerdote sube al árbol y lo corta con una hoz de oro, recogiéndolo en un lienzo blanco. Después se inmolan dos toros blancos.
Creen que el muérdago, tomado como bebida, da fecundidad a los animales estériles y constituye un remedio contra todos los venenos.
Frazer lo identificó con la rama dorada de que habla Virgilio: Así como en el frío invierno muestra el muérdago su perpetuo verdor, así aparecían sobre el follaje de la encina las hojas áureas. El color amarillo de la rama seca de muérdago se creía apto para descubrir tesoros enterrados.
Nueve
En los escritos homéricos este número tiene un valor ritual. Deméter recorre el mundo durante nueve días en busca de su hija Perséfone; Leto sufre durante nueve días y nueve noches los dolores del parto para dar a luz a los gemelos Apolo y Artemisa; las nueve Musas han nacido de Zeus en nueve noches consecutivas de amor con Mnemosine. El nueve parece ser así la medida de las gestaciones y las búsquedas fructuosas, y por tanto simboliza el coronamiento de los esfuerzos, el término de una creación.
También el nueve interviene frecuentemente en la imagen del mundo descrita en la Teogonía de Hesíodo. Nueve días y nueve noches son la medida del tiempo que separa el cielo de la tierra y ésta del infierno: Un yunque de bronce cae del cielo durante nueve días y nueva noches antes de alcanzar, al décimo día, la tierra; y asimismo un yunque de bronce cae de la tierra durante nueve días y nueve noches antes de alcanzar, al décimo día, el Tártaro. También advierte Hesíodo que el castigo de los dioses perjuros es permanecer nueve años lejos del Olimpo, apartados del lugar donde se asienta el consejo y se celebra el banquete de las divinidades.
Según Dioniso Areopagita, los ángeles están jerarquizados en nueve coros, o tres tríadas: la perfección de la perfección, el orden en el orden, la unidad en la unidad.
Nueve es uno de los números de las esferas celestes y, simétricamente, también el de los círculos infernales. Esta es la razón de los nueve nudos del bambú taoísta y la de los nueve grados del trono imperial chino, ya que, según todas las tradiciones, tanto orientales como occidentales, el microcosmos está hecho a imagen del macrocosmos. Los cielos budistas son igualmente nueve, y el cielo chino tiene nueve alturas y 9999 esquinas. Nueve es el número de la plenitud y también la medida del espacio chino. No es casual que el Tao-te King cuente con 81 capítulos (9 por 9).
Según el esoterismo islámico, descender nueve escalones sin caerse significa haber dominado los nueve sentidos. También el nueve es el número que, correspondiendo a las nueve aberturas del hombre, simboliza las vías de su comunicación con el mundo.
Entre los aztecas, el rey Nezahualcoyotl construyó un templo de nueve plantas para designar las nueve etapas que debía recorrer el alma antes de alcanzar el reposo eterno. Para ellos el nueve es la cifra simbólica de las cosas nocturnas e infernales. Entre los mayas, nueve es la cifra sagrada de la diosa luna y Bolon Tiku (diosa nueve) es la diosa de la luna llena.
Al nueve se le ha llamado el número del hombre, pues su gestación dura nueve meses, tras los cuales el bebé está listo para iniciar una vida con nuevas posibilidades en el mundo manifestado. Al sumar todos los números de nuestro sistema se obtiene la cifra 45 (1+2+3+4+5+6+7+8+9=45) que sumada da 9, de ahí que se le llame el perfecto.
En resumen, el nueve es el símbolo de la multiplicidad que, finalizada una etapa, retorna a la unidad y es, por extensión, el de la solidaridad cósmica y la redención para emprender un nuevo ciclo de perfeccionamiento.
Números
En el sistema simbolista los números no son expresiones meramente cuantitativas, son ideas-fuerza con una caracterización específica para cada uno de ellos. Cada número tiene, desde esta perspectiva, su personalidad propia. El número es el señuelo del misterio, dice una tradición de la etnia africana de los peuls.
Todos proceden del número Uno, nacido a su vez del misterioso Cero puesto en movimiento. El cero es como un punto en medio del espacio cuando aparece la primera manifestación. Si bien, en una clave filosófica, esta vibración del punto es una línea horizontal que representaría la Materia primordial, en la clave matemática se le representa vertical, simbolizando la Primera Actividad, el Inicio de los Tiempos.
A medida que los números se van alejando de la unidad, se van hundiendo más y más en la pluralidad de la materia, en una manifestación involutiva de descenso que luego se ha de remontar al llegar al punto más bajo, el cuatro, o el cubo, símbolo de la Tierra, del elemento más denso. Podemos observar que la suma del uno mas el dos, mas el tres, mas el cuatro, nos daría el número diez, representado gráficamente por un uno y un cero, lo que nos llevaría de nuevo al principio. Los diez primeros números, en la tradición griega (doce en la oriental) son entidades, arquetipos y símbolos. Los demás resultan de las combinaciones de esos números primordiales.
La interpretación de los números es una de las ciencias más antiguas. Pitágoras afirmaba: Todo está dispuesto según el número, y Platón pensaba que los números constituían el más alto grado de conocimiento, considerándolos como la esencia de la armonía y a ésta como fundamento del Cosmos y del Hombre. La filosofía de los números fue también desarrollada por los hebreos, gnósticos y cabalistas, llegando hasta los alquimistas. Son conceptos universales que ya existían en la vieja China desde la más remota antigüedad.
La noción de los ritmos cósmicos en relación con la ciencia numérica es también familiar al pitagorismo; por una parte está asociada a la Música y a la Arquitectura, y de ahí la famosa utilización del número de oro en la Grecia clásica, que fue luego reconocido en el Renacimiento como la clave de las proporciones de todos los seres vivos. Boecio aseguraba que el conocimiento supremo pasaba por los números, y Nicolás de la Cusa afirmaba que eran el mejor medio para acercarse a las verdades divinas.
Aparte de los valores esenciales de la unidad y la multiplicidad, tienen significado especial los pares (negativos, pasivos) y los impares (afirmativos, activos). La sucesión numérica, la idea de que el uno engendra al dos y el dos al tres, etc. se fundamenta precisamente en la noción de dinamismo y movimiento perpetuo, de que toda entidad tiende a rebasarse a sí misma, a situarse en contraposición con otra.
Después de la unidad y del binario, que es conflicto, eco, desdoblamiento primordial, el ternario y el cuaternario son los grupos principales; de su suma surge el septenario, y de su multiplicación el dodecanario. Simbólicamente el ternario representa el orden mental o espiritual, el cuaternario el orden terrestre o material, el septenario el orden planetario y moral y el dodecanario el orden universal.
Ocho
Universalmente, el ocho es el número del equilibrio cósmico, de las cuatro direcciones cardinales a las que se añaden las cuatro intermedias. Frecuentemente, ocho son los radios de la rueda, desde la rodezuela céltica a la de la ley búdica (dharma chakra), ocho son los pasos del noble óctuple sendero, los pétalos del loto, los trigramas del I-Ching y ocho son también los ángeles portadores del trono celestial.
Tanto el número ocho como el octógono tienen un valor de mediación entre el cuadrado y el círculo, entre la tierra y el cielo, por lo que en hermetismo se considera al ocho como el número mágico de Hermes, el dios mediador y comunicador por excelencia, capaz de unir lo inferior con lo superior y de armonizar los opuestos. Siendo el cuadrado representación de la tierra y el círculo una imagen del cielo, al octógono se lo considera como una figura intermedia capaz de unir a ambos. La figura del ocho tiene relación con las dos serpientes enlazadas del caduceo hermético, símbolo del equilibrio activo, del continuo movimiento de las fuerzas antagónicas que se armonizan al elevarse enroscadas alrededor de una vara coronada con las alas de Mercurio, convirtiéndola en un cetro de poder capaz de dominar las fuerzas inferiores de la materia. Tumbada, la figura del ocho es el símbolo de lo infinito, del eterno movimiento de la espiral de los cielos, ya sea hacia fuera o hacia dentro, hacia la creación o hacia la disolución
Este simbolismo del equilibrio y el poder del centro se ha comparado también con el fiel de la balanza, que la divide en dos sin que pierda su proporción ninguna de las partes, que permanecen iguales, por lo que el ocho se asocia a la equidad y la justicia.
En Japón, denominado por sus habitantes desde épocas lejanas las Gran-Ocho-Islas (a pesar de que este país está constituido por una cantidad innumerable de ellas), el ocho es una cifra que se encuentra muy a menudo en los grandes textos shintoistas, donde se considera una cifra sagrada como expresión de lo innumerable y de lo infinito. No hace mucho se construyó un centro nacional de educación espiritual en Yokohama, en 1932, dándole al edificio una base octogonal e incluyendo en su interior las estatuas de ocho grandes sabios, entre los que se encuentran el buda Säkyamuni, Confucio, Sócrates y Jesús junto a otros tantos maestros japoneses igualmente importantes. La forma del centro y el número de sabios simbolizan la sabiduría infinita que, manifestada de mil formas, se halla en el centro de toda educación, de toda búsqueda y esfuerzo espiritual.
En la Biblia, el octavo día sucede a los seis días de la creación y al sabbat, anunciando una nueva era. Según Carl Schmidt, el octavo día tiene origen cristiano, aunque se presente como tema gnóstico. Simboliza a la vez la resurrección de Cristo y la promesa de resurrección para el hombre transfigurado por su gracia.
El hombre, imagen del macrocosmos, tiene integrado el número ocho en su esqueleto, manifestado en las ocho articulaciones de sus miembros, de primordial importancia para todos sus movimientos.
Entre los dogon, el ocho es un número sagrado porque incluye la regeneración periódica de su antepasado más viejo, el Ancestro que se sacrifica para asegurar la regeneración de la humanidad. El mito quechua que relata el origen de la dinastía de los incas, menciona también ocho ancestros primordiales que son cuatro hermanos y cuatro hermanas.
Olivo
Símbolo de paz y prosperidad, de sabiduría y de victoria. Su tronco
agrietado y grueso, que aguanta impávido la dureza del clima invernal y los
golpes recibidos en sus ramas por los vareadores, que hacen así caer la
aceituna para recogerla del suelo, nos habla de resistencia y de generosidad
al darles a cambio el dorado y rico fruto del aceite.
Las hojas pequeñas y perennes, de un color verde oscuro por un lado y
plateado por el otro, nos hablan a la vez de la eterna dualidad de lo
manifestado y de su permanencia frente a la ciclicidad de sus frutos. Estos,
redondos o también ovalados, son símbolo de la esperanzadora preñez del
eterno femenino, generador y nutricio, balsámico y apaciguador para los
hombres.
Cuenta la tradición griega que el olivo fue un regalo de la diosa de la
Sabiduría a la ciudad de Atenas. Se dice que se estableció una pugna entre
Atenea y Poseidón por ver cuál de los dos imponía su nombre a la nueva
ciudad y, reunidos los dioses, decidieron entre todos que le pondrían el
nombre de aquél que le concediera el don más útil.
Poseidón, de un golpe de tridente, hizo nacer el caballo, y Atenea por su
parte hizo surgir el olivo. Este fué el que se ganó la simpatía de los
dioses y así la nueva ciudad recibió el nombre de Atenas y el olivo quedó
para toda la cultura mediterránea como el regalo de la diosa a los hombres.
Dentro de su valor como árbol sagrado y símbolo de victoria al que, según
el profeta Isaías, los demás árboles consideran como rey y señor,
podemos descubrir estas connotaciones en todas las tradiciones
mediterráneas a partir de la antigua Grecia.
Porfirio, en su obra La Gruta de las Ninfas, habla del olivo situado en lo
alto del puerto de Forcis, en ítaca, como representación del misterio que
encierra la descripción del pasaje homérico. En efecto, el olivo se
encuentra plantado junto a la imagen del universo, la gruta, como símbolo
de la sabiduría de la divinidad. Porque es la planta de Atenea, y Atenea es
la Sabiduría, y puesto que nació de la cabeza de un dios, el teólogo
(Homero) encontró un lugar apropiado consagrándolo a la cabeza del puerto,
dando a entender con el árbol que este universo no es el resultado de su
propio impulso o la acción de un azar irracional, sino la acción de una
naturaleza inteligente y de una sabiduría El olivo, árbol de hoja
perenne, presenta una particularidad muy relacionada con las vicisitudes de
las almas en el universo, a las que está consagrada la gruta También
el universo está organizado por una naturaleza inteligente y movido por una
sabiduría eterna y siempre floreciente, de la que proceden también los
premios de la victoria para los atletas de la vida y el remedio de nuestras
muchas fatigas; el que reanima a los desdichados y suplicantes es el
demiurgo que sostiene el universo.
En Roma, en las fiestas de los Idus de Julio en honor de Cástor y Pólux,
los caballeros se presentaban con una corona de olivo ciñendo sus frentes,
y también existen referencias al olivo como árbol mítico y sagrado, entre
otras muchas, en la legendaria civilización de los Tartessos durante el
reinado de Tarsis, nieto de Noé, y en los libros del Génesis y el
Eclesiastés.
Oro
El oro es el rey de los metales y, por lo tanto, un símbolo de perfección y de cúspide, semejante al Sol en nuestra Galaxia por lo que tiene de brillo, luminosidad y pureza.
Según la doctrina hindú, el oro es la luz mineral. Es un símbolo de perennidad, de inmortalidad, y así ha sido considerado desde siempre por todas las culturas.
Su color amarillo-luminoso le hace ser diferente y estar por encima del resto de los demás metales, que tienden a ser de color blanco-plateado. Esto unido a su indestructibilidad y belleza, motivó que las joyas más valiosas de la antigüedad se hicieran en oro y así hayan llegado hasta nosotros prácticamente intactas.
El ser un metal noble, dúctil y maleable, permitió desde siempre hacer con él las más bellas piezas para los cultos religiosos y la realeza, que encarnaban en todas las tradiciones símbolos de belleza, de pureza y prosperidad. El oro representa también la inmortalidad y la felicidad eterna.
Para los alquimistas medievales, conseguir el oro a través de las distintas transformaciones de la materia era lograr la Piedra Filosofal, el Elixir de la Vida, un símbolo tan amplio que comprendía desde la panacea universal que convierte a los hombres en dioses o a los soles en estrellas, hasta la transformación de la materia prima de la droguería en el oro más puro. Ellos aseguraban que esta Piedra Filosofal existe, que se puede lograr, y nos hablan de las vías para conseguirla a través de sucesivas cocciones o de separaciones de los elementos constitutivos de la materia prima. El oro para la alquimia simboliza la glorificación o cuarto estado, después del negro, el blanco y el rojo.
Simbólicamente, el trabajo de los alquimistas consistía en devolverle al hombre sus poderes perdidos, u olvidados más bien al caer en la materia, y despertar su conciencia para sentir su verdadera esencia espiritual, acelerando así su evolución y consiguendo ser un hombre de oro. Debía transformarse a sí mismo y lograr su transmutación siendo el operador de su propia obra y obteniendo del plomo de sus defectos el oro de sus virtudes.
Paraíso
La palabra paraíso evoca en nuestra mente un lugar de felicidad y de descanso, de paz, de comunicación con los dioses y con nuestros seres más queridos, que fueron llamados antes que nosotros a residir en ese lugar maravilloso junto a los bienaventurados. Lo imaginamos así como contraposición a lo que es vivir aquí y ahora, en la contínua lucha y ajetreo de la vida en la Tierra, que es en este caso como el otro extremo del Cielo.
El Paraíso símboliza el centro místico, donde nuestra alma se siente en comunión perfecta con la divinidad, donde se re-encuentra consigo misma, con su verdadero Ser divino.
Para los orientales es un estado puramente subjetivo de perfecta felicidad, en el que viven las almas de los justos durante los periodos que median entre una encarnación y la siguiente. Ellos lo llaman Svar-loka o Svarga, el cielo de Indra.
En hebreo es el Edén, que significa delicia o placer. Es el llamado Jardín de las Delicias construido por Dios para morada de las almas de los justos. Es el cielo de los cristianos; el walhalla de la mitología germánica.
Los chinos lo identifican con un jardín habitado por los Dragones de la Sabiduría, enclavado en el Asia Central. Como en casi todas las tradiciones, este jardín delicioso está surcado por cuatro ríos que brotan de un fuente común en el Lago de los Dragones.
Infinidad de leyendas orientales y occidentales nos hablan del paraíso perdido al margen de los principios dogmáticos cristianos, considerándolo como símbolo de un estado espiritual que perdimos al nacer en este mundo. La representación más frecuente de esta caída es el laberinto, que aparece como referencia a la confusión que esta bajada al mundo material produce en el hombre y en la que tiene que desarrollar toda su inteligencia y su valor para poder salir con vida de él.
La cualidad de perdido que determina esta particular psicología del paraíso, se relaciona con el sentimiento general de abandono y de soledad que provoca en el alma la caída en la existencia material de la Tierra que le va a servir de morada temporal hasta el regreso a su verdadera patria que es el cielo.
Perla
La perla es considerada una piedra preciosa, símbolo de la fuerza generatriz que, junto con las conchas, ha sido utilizada desde siempre como amuleto femenino que impregna a la mujer de una energía favorable a la fecundidad, además de preservarla de las fuerzas negativas y de la mala suerte.
Los musulmanes aluden a ella con frecuencia para referirse al cielo, pues creen que los bienaventurados se hallan allí encerrados en perlas, cada uno con su hurí correspondiente. Esto nos recuerda a aquel primer hombre esférico, el andrógino, citado por Platón.Simboliza también el alma humana, hija del Fuego y del Agua como elementos primordiales masculino y femenino, al ser fecundada la concha por los rayos del Sol incidiendo sobre las Aguas del Mar.
Entre los griegos, la perla era el emblema del amor y del matrimonio y en Siria llamaban a la diosa madre la Señora de las Perlas. Su poder sagrado procedía de su origen marino, símbolo de la Materia Primordial donde se gestan los principios de la vida.
Entre las poblaciones autóctonas de América tuvieron gran importancia las perlas en los ritos funerarios. En Virginia y en Florida las tumbas de los reyes estaban adornadas de perlas y, según cuentas las crónicas, los soldados de Soto encontraron junto a los sarcófagos cestillos llenos de perlas. El templo de Tolomecco era el más rico en adornos: sus altas murallas y su techo eran de nácar y de los muros pendían collares de perlas y de plumas. Sobre los sarcófagos de los reyes estaban colocados sus escudos adornados de perlas y, en medio del templo, había también jarras llenas de preciosas perlas.
Desde el punto de vista terapeútico, se dice que la perla cura las enfermedades de los ojos y resulta un eficaz antídoto en casos de envenenamiento, haciendo recuperar la fuerza y la salud. En esto posee el mismo simbolismo de los elixires de la alquimia, pues la perla expulsa el veneno, a los demonios, a la vejez y a la enfermedad según se puede leer en la Kathâsaritsâgara.
En multiplicidad, las perlas adquieren un carácter distinto y, aunque riquísimas, pasan a ser cuentas que, unidas, corresponden al simbolismo del collar, y dispersas al esquema de la desmembración, como todo lo que se halla así situado.
El valor simbólico y sagrado de la perla, poco a poco, se ha ido haciendo profano, pero, según afirma Mircea Eliade, la naturaleza preciosa de la perla en nada queda afectada por este desplazamiento de valore
Perro
En la Grecia antigua, el perro como el lobo -, figura como animal consagrado a Ares. En ciertos aspectos, dentro del marco simbólico, se considera que el perro es la faz luminosa del lobo. Este posee connotaciones de fuerza y fiereza caóticas, de una energía no elaborada, mientras que el perro asume esa misma interpretación ya más evolucionada al ser un animal dócil y domesticado, más cerca de los hombres, es decir, de los que para estos animales son como los dioses para nosotros. Un animal domesticado es un símbolo de esfuerzo evolutivo, de elevación hacia estados superiores del ser. En este sentido, el animal representa los vehículos inferiores del hombre, su montura o vehículo físico de expresión, unido a la idea de sacrificio para poder superar estas etapas pasionales. En toda la simbología universal vemos mitos que representan al hombre luchando con la bestia para ser él mismo. Apolo, el radiante Señor Solar, tiene como compañero al lobo, mientras que su hermana Artemisa, la nocturna, al perro; ambos animales resaltan y equilibran aspectos del simbolismo solar y lunar de los dos dioses. Se dice que fue Apolo el que domesticó al perro. Como guardián, el perro es fiel y guerrero, dispuesto siempre a atacar para defender más que para defenderse. Al igual que Ares, se sitúa en el centro del enigma entre la vida y la muerte, representando la custodia del umbral entre los dos mundos. En la simbología medieval, el perro se representaba a los pies de la dama como su fiel guardián, mientras que el león se ponía junto al caballero como símbolo de valentía. En la antigua tradición germánica, el perro Garm es el que vela la entrada al Hifhelm, el país de los hielos y las tinieblas, el lugar donde residen los muertos. Su simbolismo se asocia así a la resurrección, tras el viaje al más allá, acompañando al difunto. Entre los aztecas era Xolotl, el perro que, como Anubis en Egipto, se representaba con cuerpo de hombre y cabeza de perro para acompañar a los muertos. Es la parte oscura de Quetzalcoatl, de claras referencias solares como Apolo. En Egipto, Anubis es el guía que acompaña al difunto, para conducirlo ante el Tribunal de Osiris. Es también Anubis el que dirige la momificación y está presente en la Asamblea de los Dioses que presiden el Peso del Corazón del candidato a entrar en el Amenti, si su corazón es más ligero que la pluma de Maat. Así pues, desde una perspectiva simbólica y psicológica, el perro, ya sea como símbolo de la parte animal del ser humano con toda su energía y demanda, o como intermediario entre dos lugares del espacio simbólico; ya sea como guía y compañero en el camino o como guardián y cancerbero de la puerta de entrada y salida al más allá, es un símbolo que, permanentemente, nos habla a través de los mitos, de la eterna dualidad de todo lo manifestado y de la guerra interior del hombre por alcanzar su verdadera condición heroica.
Pez
Al igual que la mariposa, el pez es un símbolo de movimiento psíquico, aunque con capacidad de ascensión hacia lo espiritual. Muchos pueblos antiguos lo consideraron sagrado y se privaron de usarlo como comestible, debido a su relación con el Mar. Es una suerte de pájaro de las zonas inferiores, un emblema de sacrificio en la relación Cielo-Tierra. El pez, visible en este mundo, se vuelve ave al acceder al mundo superior invisible.
En los ritos orientales se adoraba a los peces y les estaba prohibido comer pescado a los sacerdotes. Entre los babilonios, fenicios, asirios y chinos, el pez, por la extraordinaria abundancia de sus huevos, es símbolo de fecundidad, que luego adquiere un sentido espiritual. El dios mesopotámico Dagon, mitad hombre y mitad pez, era el dios de la fuerza y la generación. La idea de la naturaleza doble del pez su fecundidad física y espiritual -, parece entroncar con la forma geométrica elemental que el pez comparte con el ave: los cuerpos de ambos animales forman un huso, correspondiendo a la cola del pez las plumas finales de las aves en forma triangular.
Los caldeos representaban un pez con cabeza de golondrina, anuncio de la renovación cíclica, directamente enlazada con el simbolismo de Piscis, el último signo zodiacal, finalizado a mediados del siglo pasado, cuando las aguas de Acuario iniciaron el ciclo actual.
Por su forma de huso, es también símbolo del sacrificio y de la relación entre el Cielo y la Tierra. Schneider señala que el pez es el barco místico de la vida, ya ballena o ave, pez volador o acuático, pero siempre huso que hila el ciclo de la vida siguiendo el zodíaco lunar.
Por pertenecer en este mundo al elemento agua, sus relaciones con el hombre terrestre se manifiestan por medio de la figura del pescador, símbolo, en casi todas las culturas, del hombre predestinado a cumplir funciones de rey y sacerdote.
En el Ciclo Artúrico, el Rey Pescador es un título genérico que se da a toda la dinastía de los reyes guardianes del Grial. Este título nos recuerda también a los pescadores de Galilea, discípulos de Jesús. Pescar, simbólicamente, no es sólo lograr la captura de los peces, sino lanzar el anzuelo a las profundidades de la propia interioridad para descubrir y actualizar los poderes latentes en el hombre, la mejor pesca que podemos realizar.
Piedra
La piedra es un símbolo del ser, de la cohesión y conformidad consigo mismo. Su dureza y duración impresionaron a los hombres desde siempre, quienes vieron en ella un símbolo de perennidad, frente a los cambios de lo biológico, sometido a las leyes continuas del nacimiento y la muerte. Dirigida hacia el cielo, fue siempre símbolo de comunicación entre el hombre y la divinidad.
La piedra también tiene vida y así lo aceptan todas las tradiciones. Podemos observarlo en la manera de expresar su enorme capacidad de resistencia, en su voluntad de mantener siempre sólidamente apretadas sus moléculas, para impedir que se desgajen y dispersen, lo que para ella sería la muerte. A más voluntad, más vida. Por eso la piedra constituye la primera solidificación del ritmo creador, la música petrificada de la creación, y los más bellos monumentos erigidos por el hombre se hicieron siempre utilizando la piedra como base para su construcción y ornamentación.
La piedra, cuando está entera simboliza la unidad y la fuerza, la afirmación de uno mismo; rota en muchos fragmentos, el desmembramiento y la disgregación de la psique, la enfermedad, la muerte y la derrota.
Las llamadas piedras negras o aerolitos caídos del cielo, son citados en múltiples tradiciones y pueden ser desde la figura de la Cibeles de Pessinonte hasta la Kaaba en La Meca; desde el Grial del Ciclo Artúrico hasta la Piedra Filosofal de los Alquimistas. Estas piedras se pueden incluir dentro de la categoría de los betilos (del hebreo Beth El, Casa de Dios), es decir, de las piedras consideradas como moradas divinas, y podrían incluirse dentro del simbolismo del omphalos o centro del mundo, la piedra redonda que en el mundo griego era la materialización del cielo, una presencia evidente de la divinidad, como ocurría en el santuario de Apolo en Delfos.
Los cristianos tienen, obligatoriamente, en el lugar donde deben ser depositados la hostia y el cáliz, en el centro del altar, una piedra consagrada por el obispo llamada piedra de consagración, y los altares portátiles deben ser siempre de piedra.
La piedra preciosa por excelencia, considerada como el más acabado símbolo de dureza y brillantez, es el diamante, que en todas las tradiciones se ha tenido como símbolo del orden y la perfección, de la estabilidad, de la luz y la inmortalidad. Platón denomina al pilar del mundo el eje de diamante y, en el simbolismo hindú y budista, todo cuanto tiene un significado central o axial está generalmente asimilado a esta preciosa piedra. El diamante es también símbolo de Cristo, identificándose así la piedra preciosa con el simbolismo de la piedra angular que sostiene a su Iglesia. Ambas representan la perfección y el cumplimiento, el eje que mantiene vivo el edificio, lo que en la Alquimia equivaldría también a la piedra filosofal, ya que el que la consigue ha encontrado su centro y su verdadera identidad, ha descubierto su columna de luz, que simboliza a su propio ser interior, el que le va a dar la fuerza para permanecer siempre erguido y fiel a sí mismo.
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